La guerra en Medio Oriente ya tiene efectos directos sobre el complejo agroexportador argentino: en 30 días hábiles los fondos aumentaron su exposición en más de 540.000 contratos de futuros y opciones agrícolas en Chicago, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) reportado por Ámbito. Esa ola financiera se concentró especialmente en soja y derivados, pero en el mercado doméstico la dinámica fue heterogénea: mientras las cotizaciones internacionales subieron, los precios locales de maíz cayeron por una oferta abundante y por la logística de descarga en puertos del Gran Rosario, muestra de que las oportunidades externas no se traducen automáticamente en ingreso para todos los eslabones.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
En el corto plazo vemos una doble velocidad entre precios internacionales y locales. Según la BCR, en la región del Gran Rosario se descargaron cerca de 800.000 toneladas de maíz en una semana, un volumen 141% superior al de la semana anterior y 2,6 veces mayor al promedio de los últimos cinco años para esta época, lo que produjo ofertas de compra que retrocedieron alrededor de u$s10 por tonelada (desde niveles cercanos a u$s180/ton) en días recientes. Esta coyuntura explica por qué productores y acopiadores ven caer márgenes aun cuando la soja se aprecia por mayor demanda financiera: el maíz sufre por la abundante oferta estacional y por cuellos de botella logísticos locales, según la BCR y el informe difundido por Ámbito. El efecto distribuido no es neutro: algunos exportadores ganan por mejores precios internacionales, mientras que operadores de la cadena comercial y productores tempranos enfrentan presión de precios.
Fertilizantes y costos: ¿qué riesgo para la próxima campaña?
Un canal claro de transmisión del conflicto es la energía y, con ella, el mercado de fertilizantes. La BCR recuerda que por el estrecho de Ormuz circula cerca del 25% del comercio marítimo de petróleo y alrededor del 20% del gas natural licuado, y que el gas explica cerca del 80% del costo de producción de la urea. Eso significa que una interrupción logística o mayores fletes pueden trasladarse a un alza de insumos para cultivos intensivos como maíz y trigo. Al mismo tiempo, la oferta local de granos es elevada: la BCR proyecta que los stocks finales 2025/26 podrían superar 21 millones de toneladas, un récord impulsado por una cosecha de trigo excepcional y buenas perspectivas para maíz y girasol. Resultado: riesgo de squeeze entre mayores precios internacionales de fertilizantes y presión a la baja en precios domésticos de granos por abundancia de oferta.
Qué medidas necesitamos: aprovechar la oportunidad sin recortar derechos
Frente a esta doble realidad, proponemos tres prioridades. Primero, captar parte de la renta excepcional para financiar crédito productivo dirigido a insumos y almacenaje, condicionando ayudas a salvaguardas de empleo y a recomposición salarial integrada al básico, no financiada con recortes previsionales, en línea con nuestra posición previa. Segundo, instrumentar incentivos temporales a la guarda privada y pública para evitar que la descarga masiva de una semana presione precios al punto de destruir renta productiva; la BCR muestra fuertes tensiones de oferta en el corto plazo que justifican intervención. Tercero, subsidiar o facilitar importación de fertilizantes y crédito a tasas preferenciales para asegurar la siembra, reconociendo que el aumento del precio del gas puede encarecer la urea (según BCR, el gas representa cerca del 80% del costo de urea). No proponemos dejar pasar la oportunidad de mejores precios internacionales ni impulsar transferencias regresivas: las medidas deben combinar captura de renta temporaria, apoyo a la inversión productiva y protección del empleo y del salario real. Finalmente, conviene monitorear la concentración de posiciones financieras —la BCR indica que cerca del 67% del cambio de cartera de los fondos en el periodo se explicó por soja y derivados— para diseñar reglas que reduzcan la volatilidad especulativa sin cerrar el mercado.
Cerramos con un punto de sentido común: la suba de precios internacionales es una ventana de oportunidad, pero sin políticas activas puede profundizar desigualdades internas y generar distorsiones que dañen empleo y capacidad productiva. Por eso vemos necesario que el Estado capture de forma transparente y temporal parte de esa renta y la oriente a crédito productivo, almacenaje y recomposición salarial integrada al básico, evitando cualquier financiamiento vía recortes previsionales.