Arranque con los números

Vemos una estabilización nominal notoria: según la nota de Qualy (21/2/2026), la inflación interanual cayó desde niveles superiores al 120% anual a registros cercanos al 30% anual (base: interanual). Además, la inflación núcleo se resiste a bajar del 3% mensual (base: mensual), una señal de anclaje incompleto de expectativas. Ese avance nominal convivió con una mejora del riesgo país y una relativa calma fiscal, pero la foto macro contiene tensiones que ya se hacen visibles.

Qué está pasando detrás de los datos

El programa que logró esa baja se apoyó en dos anclas: un tipo de cambio real contenido y una fuerte restricción de la demanda. El primero contribuyó a contener precios, el segundo enfrió la actividad. El problema es que ambos instrumentos tienen costos previsibles: un cambio real apreciado estimula importaciones, erosiona la competitividad industrial y limita la generación de divisas genuinas; la demanda reprimida reduce el IVA y otros ingresos, haciendo más difícil sostener un superávit fiscal sin recortes adicionales.

Comercio exterior y reservas: un equilibrio cada vez más financiero

La nota documenta que las importaciones crecen más rápido que las exportaciones y que el superávit comercial se achica, mientras la cuenta corriente volvió a negativo. En consecuencia, la acumulación de reservas depende menos del saldo real y más de ingeniería financiera. Vemos aquí el termómetro: el tipo de cambio refleja tensiones estructurales. Apoyamos la acumulación de reservas por parte del BCRA, pero lo condicionamos a que no se transforme en financiamiento encubierto del Tesoro. La sostenibilidad de esa estrategia es la principal prueba de fuego para la credibilidad.

Qué dirían los mercados

Los mercados observan tres cosas: 1) la capacidad de la economía para generar dólares genuinos, 2) la claridad sobre la independencia del BCRA, y 3) la calidad del ajuste fiscal. Si la acumulación de activos del central parece destinada a cubrir necesidades fiscales, los inversores exigirán mayor premio por riesgo y podrían presionar al alza las tasas y la brecha cambiaria. Por el contrario, una estrategia transparente que combine reservas, señales de independencia del banco central y un sendero fiscal creíble mejora la invertibilidad. Ese es el quid: la forma importa tanto como el fondo.

Implicancias para la actividad y los hogares

La recuperación aún no es inclusiva. Salarios reales dejaron de caer pero no recuperan poder de compra, el crédito privado no se expande y la morosidad sube. Sin recuperación del empleo formal no habrá rebote del mercado interno ni capacidad de la recaudación para sostener compromisos. En este punto la elección de política es política y técnica: mantener ajuste estrictamente vía reducción de gasto asegura estabilidad nominal pero prolonga el estancamiento; aliviar la restricción sin reformas estructurales o financiación externa ordenada introduce riesgos de reversión inflacionaria.

Qué debería hacerse: prioridades desde la consistencia macro

Primero, preservar la independencia del BCRA y que la acumulación de reservas no sea un canal de financiamiento fiscal implícito. Segundo, corregir gradualmente el tipo de cambio real para recuperar competitividad, acompañado de medidas para impulsar exportaciones e inversiones orientadas a empleo. Tercero, reactivar la recaudación por la vía de la actividad, no solo por ajustes discrecionales del gasto: esto exige promoción de encadenamientos productivos y mejora regulatoria. Comparando con la región, los casos con mejor rendimiento combinan disciplina macro y reformas productivas creíbles; no existen atajos.

Riesgos y cierre

La historia argentina enseña que los equilibrios frágiles tienden a revertirse cuando la financiación se vuelve precaria o cuando los controles acumulados distorsionan incentivos. Hoy el país logró una corrección nominal importante, pero está cerca del límite entre estabilidad y estancamiento. No es una elección técnica menor: implica negociar consensos políticos para permitir un ajuste que sea simultáneamente sostenible y compatible con crecimiento. Seguimos apoyando la acumulación de reservas del BCRA, condicionada a que no se configure como financiamiento encubierto del Tesoro, y urgimos a que las próximas decisiones apunten a restaurar competitividad, anclar expectativas y recuperar empleo formal.