La deuda consolidada del Sector Público Nacional (SPN) se incrementó en u$s17.067 millones durante el primer bimestre del año, según el Boletín Mensual de la Deuda publicado por el Ministerio de Economía con datos al 28 de febrero. El stock pasó de u$s455.067 millones a u$s472.135 millones, pero ese salto responde más a revaluaciones contables que a emisiones netas de deuda.

¿Qué pasó con la deuda en enero-febrero?

Según el Boletín Mensual de la Deuda del Ministerio de Economía, el SPN registró nuevas operaciones por u$s42.318 millones y pagos por u$s44.132 millones en el bimestre, lo que deja un saldo neto de financiamiento negativo de -u$s1.814 millones. No obstante, el informe aclara que la principal causa del aumento del stock fue un ajuste por valuación del saldo al inicio del período por u$s18.883 millones. En términos mensuales, el reporte indica un aumento de la deuda bruta equivalente a u$s11.201 millones respecto de enero, casi íntegramente explicado por ajustes de valuación, según Palacio de Hacienda. Los datos muestran que, en flujo operativo, el Tesoro no se financió netamente en exceso: la mecánica del salto es contable y ligada a la variación de precios y tipos de cambio aplicados al portafolio.

¿De dónde vino el aumento y qué significa técnicamente?

El informe detalla además que en febrero la Administración Central pagó u$s11.423 millones, de los cuales el 91% se realizó en moneda nacional y el 9% en moneda extranjera; del total, u$s10.535 millones fueron capital y u$s888 millones intereses (Ministerio de Economía). Esas cifras muestran que el calendario de pagos exigió un esfuerzo en pesos, lo que alivia la salida de reservas directas en dólares, pero no elimina la necesidad de financiamiento doméstico. El ajuste de valuación de u$s18.883 millones refleja, en buena parte, la actualización por tipo de cambio y precios de instrumentos denominados en moneda extranjera y títulos en moneda local. Técnicamente, esto distingue stock de flujo: el saldo sube por revalúos sin que el Tesoro haya recibido necesariamente liquidez adicional equivalente a ese incremento.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Desde la óptica del mercado, lo que importa es la sostenibilidad y la transparencia. Que el incremento sea por valuación reduce el riesgo de que haya un salto inmediato en la necesidad de financiamiento externo, pero complica la lectura de financiación cruzada entre instituciones. Economistas y funcionarios citados por el propio informe estiman que las obligaciones del Estado en su conjunto podrían haber caído entre u$s18.000 y u$s30.000 millones desde que asumió la actual gestión, por operaciones contables y por transferencias internas, entre ellas el traspaso de pasivos del BCRA al Tesoro. Esa operación, usada para sanear la hoja de balance del BCRA, mejora indicadores oficiales de reservas pero plantea dudas sobre si se trata de financiamiento encubierto del Tesoro. El mercado penaliza la falta de claridad: la percepción de financiamiento soterrado puede aumentar el riesgo país y ampliar la brecha cambiaria.

Qué debería exigir la política económica y nuestra lectura

Vemos con cautela este tipo de mejoras contables. Respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro, como hemos sostenido previamente. Para que el mercado y los ciudadanos confíen en la reducción efectiva del pasivo público hacen falta tres elementos: divulgación completa de las operaciones entre BCRA y Tesoro, calendario fiscal creíble y reglas explícitas sobre emisión y uso de reservas. Si el ajuste del stock fue principalmente por valuación, la prioridad es mostrar flujos futuros sostenibles, no maquillaje contable. Sin eso, la estadística puede mejorar hoy y agravar desequilibrios mañana.

Perspectiva

El dato del Boletín confunde más de lo que tranquiliza si no va acompañado de mayor transparencia. Los números oficiales —u$s472.135 millones de stock al 28/02 y los flujos reportados por Hacienda— permiten entender la mecánica, pero no dan garantías sobre la sostenibilidad fiscal. El desafío inmediato es que el Tesoro presente una estrategia de financiamiento que minimice la dependencia del BCRA y que la autoridad monetaria actúe con independencia verificable. Sin esas condiciones, una aparente mejora contable puede transformarse en presión sobre el tipo de cambio y en un mayor costo de financiamiento para el país.