La deuda mundial subió a u$s348 billones en 2025, un aumento cercano a u$s29 billones respecto al año anterior, según el Institute of International Finance (IIF). Este dato resume una expansión simultánea de deuda pública y privada en las principales economías y planta un dilema inmediato: más liquidez y estímulo, pero también mayor vulnerabilidad ante un giro de los mercados.

¿Qué significa el récord de u$s348 billones?

El salto de casi u$s29 billones en 2025 responde en buena medida a mayor endeudamiento público: más de u$s10 billones del aumento provienen del sector público, de acuerdo al IIF. Como proporción del PBI, la deuda global se moderó alrededor del 308% en 2025, pero ese promedio enmascara divergencias. En los mercados emergentes la deuda total superó un récord por encima del 235% del PBI, según el mismo informe. Además, el auge de inversiones en inteligencia artificial y centros de datos está impulsando el apalancamiento corporativo y la emisión en mercados de capitales. En suma, vemos una transición: menos deuda privada que en los picos pre-pandemia y más carga pública, lo que obliga a evaluar sostenibilidad fiscal a mediano plazo.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Para Argentina, la combinación de mayores necesidades globales de financiamiento y apetito por carry trade tiene dos caras. Por un lado, el debilitamiento del dólar y la búsqueda de rendimiento sostienen la demanda por activos en moneda local y permiten emisiones; el IIF estima más de u$s9 billones en vencimientos de mercados emergentes en 2026, que el mercado podría absorber parcialmente. Por otro lado, esa liquidez internacional es volátil y condicionada por la percepción de riesgo. Internamente hay vulnerabilidades concretas: según la nota, las provincias se endeudaron por $800.000 millones en febrero (Ámbito), lo que aumenta la necesidad de financiamiento doméstico y presiona el mercado cambiario. Por ello observamos que cualquier acumulación de reservas por el BCRA debe evaluarse detenidamente: respaldamos esa acumulación solo si no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y hay total transparencia sobre compras y emisiones.

Riesgos y qué deberían hacer los gobiernos

El principal riesgo es el rollover: si la financiación global se vuelve más cara o cambia de signo, gobiernos con déficits crecientes enfrentan ajustes bruscos. Europa ya prevé un impulso de gasto en defensa que podría elevar la deuda pública de la UE en más de 18 puntos porcentuales para 2035, según el IIF, ejemplo de cómo decisiones políticas cambian la trayectoria de pasivos. La receta para minimizar el impacto es conocida y urgente: credibilidad fiscal —planes de ajuste creíbles y calendarios de deuda—, independencia del banco central y transparencia en el manejo de reservas. En Argentina esto implica exigir que las compras de reservas no encubran déficit fiscal ni financien al Tesoro. También es necesario diversificar fuentes de financiamiento, mejorar la calidad del gasto y abrir canales para la inversión privada que apalanque infraestructura productiva. Si no, la combinación de mayor deuda global y fragilidad local puede traducirse rápido en presión sobre el tipo de cambio y en encarecimiento del acceso al crédito.

En definitiva, el récord de deuda global abre oportunidades de financiamiento y riesgos de sobrecalentamiento. Los mercados pueden sostener emisiones por un tiempo, pero la fragilidad fiscal y la falta de transparencia amplifican cualquier retorno a la aversión al riesgo. Aquí la política local debe priorizar sostenibilidad y claridad: acumular reservas con reglas y no con atajos para cubrir déficit.