En enero la demanda minorista de dólares alcanzó u$s3.146 millones, según datos del BCRA, de los cuales u$s2.203 millones correspondieron a compras de billetes en el sistema bancario. Esa cifra incluye además egresos por turismo y servicios en el exterior, que sumaron gastos con tarjeta y transporte por u$s844 millones y u$s147 millones, respectivamente (según el BCRA). Este primer párrafo resume el dato central: la preferencia por atesorar volvió con fuerza tras el bajón post electoral.

¿Por qué se disparó la compra minorista de dólares?

Vemos varios factores convergentes. Primero, la memoria de la corrida previa: en octubre la demanda minorista llegó a u$s5.068 millones, con un récord de u$s4.196 millones en efectivo, y en noviembre se despejó temporalmente hasta u$s1.596 millones (según datos publicados por el BCRA y recogidos por la prensa). Segundo, la caída del tipo de cambio nominal refuerza la percepción de atraso cambiario: la cotización llegó en febrero a alrededor de $1.365, según el informe citado por iProfesional. Esa combinación —recuerdo de riesgo electoral y sensación de que el dólar está “barato”— explica por qué los hogares vuelven a comprar. Además, el aumento estacional del turismo y los pagos de servicios en el exterior alimentan la demanda de divisas en efectivo y cuentas.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

El shock minorista tiene efectos medibles en las cuentas externas y en las reservas. En enero la cuenta corriente registró un saldo negativo de u$s919 millones, aunque la balanza comercial mostró un superávit de u$s1.987 millones (según el BCRA). En los últimos 12 meses el déficit corriente acumulado fue de u$s1.850 millones, un nivel bajo en relación al PIB pero no irrelevante si las importaciones se normalizan. En contrapartida, la cuenta financiera fue positiva por u$s3.147 millones, impulsada por emisiones de deuda públicas y privadas, según el informe citado. El Banco Central reporta depósitos en dólares por u$s38.000 millones, lo que atenúa el impacto inmediato sobre reservas, pero no elimina el riesgo: la historia argentina muestra que flujos financieros pueden revertirse rápido ante inestabilidad global o local. Por eso la composición de los ingresos —exportaciones frente a deuda y entrada de capitales— importa tanto como su magnitud.

¿Qué medidas son necesarias para evitar que vuelva la tensión cambiaria?

El BCRA y el Ministerio de Economía deben reconocer dos límites inmediatos. Primero, la acumulación de reservas es deseable hasta que no sea una vía encubierta de financiamiento al Tesoro; apoyamos esa acumulación solo con total transparencia sobre compras, ventas y emisiones. Segundo, la autoridad monetaria debe publicar con detalle el origen de los u$s3.147 millones de financiamiento financiero y explicar la estrategia de esterilización, si la hay. Recomendamos tres pasos concretos: publicar mensual y desagregado el balance de operaciones cambiarias (compra por bancos, turismo, tarjetas, ventas del BCRA), fijar reglas claras para que las colocaciones en dólares no terminen siendo cartera del Tesoro vía rollover permanente, y mejorar la comunicación sobre la trayectoria cambiaria para desalentar apuestas especulativas. Estas medidas reducen la probabilidad de que la actual demanda minorista se convierta en fuga masiva.

Para cerrar, observamos que el rebote en la demanda no es por sí solo sinónimo de crisis, pero sí es una señal de alerta. Con u$s3.146 millones de demanda minorista en enero y una cuenta corriente con déficit puntual, el riesgo no está en los números absolutos sino en la combinación entre percepción de atraso cambiario, dependencia de flujos financieros y falta de transparencia. Respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y se aseguran reglas claras que eviten repetir crisis pasadas (según nuestra posición editorial).