El dólar mayorista cotiza a $1.394 y el Banco Central acumula compras por u$s4.462 millones en lo que va de 2026, con un promedio diario de u$s76 millones, según datos del BCRA y reporta Ámbito. Paralelamente, los depósitos privados en dólares alcanzaron un récord de u$s38.677 millones, de acuerdo al mismo reporte de Ámbito que cita cifras oficiales. Esas tres cifras —tipo de cambio, compras netas del BCRA y stock de depósitos en moneda extranjera— explican por qué la City habla de una “pax cambiaria” por ahora.
¿Por qué parece firme la calma cambiaria?
Vemos tres pilares que explican la tranquilidad: la liquidación de la cosecha gruesa, un superávit comercial energético y de servicios, y el fortín de depósitos en dólares. La campaña de soja y maíz comienza a generar flujos genuinos desde abril, lo que incrementa la oferta en el mercado oficial, según reporta Ámbito. Además, la menor necesidad de importaciones energéticas por Vaca Muerta y el crecimiento de exportaciones de servicios reducen la demanda externa (fuente: Ámbito, datos de comercio exterior). En lo que va del año el dólar mayorista acumuló una baja de $61, equivalente a 4,2% acumulado en 2026 (Ámbito). Ese combo permite al BCRA intervenir con mayor holgura: las compras por u$s4.462 millones (BCRA) y el promedio diario de u$s76 millones ofrecen un colchón para sostener el crawling peg en el corto plazo.
¿Cuánto puede durar esta tranquilidad?
La respuesta depende de cuánto duren los flujos genuinos. La liquidez del agro es estacional: abril marca el inicio del pico de liquidaciones, que podría extenderse hasta el invierno según participantes del mercado (Ámbito). Sin embargo, hay señales de fragilidad. Los depósitos privados en dólares llegaron a u$s38.677 millones (BCRA/Ámbito), lo que reduce la presión inmediata; pero si la demanda de importadores se recupera, ese colchón puede erosionarse. En los segmentos paralelos las cotizaciones también reflejan calma: el dólar blue se ubica en $1.405 y el MEP en $1.434,04 (Ámbito), lo que implica una brecha implícita relativamente baja: la brecha blue versus mayorista es de aproximadamente 0,8% y la del MEP de cerca de 2,9% (cálculos sobre cotizaciones informadas por Ámbito). Factores externos —cambios en la Fed o variaciones bruscas en precios internacionales de commodities— también pueden voltear el tablero.
¿Qué deberían vigilar los mercados y los ciudadanos?
Observamos tres señales de alarma que requieren seguimiento constante. Primero, la composición y transparencia de las compras del BCRA: queremos conocer contrapartes, instrumentos (contado, swaps, forwards) y si hay cláusulas que impliquen pasivos futuros; las cifras brutas (u$s4.462 millones acumulados) son positivas solo si no esconden financiamiento encubierto del Tesoro (datos del BCRA según Ámbito). Segundo, la evolución de la demanda de importadores: una apertura rápida del acceso a divisas puede incrementar pagos al exterior y presionar reservas. Tercero, la consistencia fiscal: cualquier relajación que obligue al Tesoro a recurrir indirectamente al BCRA pone en riesgo la calma. En este punto mantenemos nuestra postura: apoyamos la acumulación de reservas del BCRA siempre que sea transparente y no constituya financiamiento encubierto del Tesoro; exigimos reportes públicos frecuentes y auditoría clara.
Conclusión: calma condicionada
La “pax cambiaria” está basada en datos verificables —dólar mayorista $1.394, compras por u$s4.462 millones y depósitos por u$s38.677 millones (BCRA/Ámbito)— y en flujos estacionales del agro. Pero no es un cheque en blanco. Si la acumulación de reservas se hace con transparencia y sin ataduras fiscales, mejora el termómetro cambiario y baja el riesgo de brechas. Si no, la calma será frágil y susceptible a correcciones abruptas. Vemos prudente aprovechar esta ventana para exigir información pública detallada del BCRA y reglas claras que eviten que la estabilidad actual se financie a costa de la credibilidad futura.