La mezcla de euforia y escepticismo por la Inteligencia Artificial se tradujo en una corrección abrupta: cerca de u$s1,5 billones en valor de mercado se esfumaron de las principales tecnológicas en apenas semanas (según Ámbito, que cita a Bloomberg en Línea). Microsoft y Amazon llegaron a caer más de 16% cada una en ese período, Alphabet perdió alrededor de 11% desde su máximo reciente y Meta retrocedió 13% desde su repunte impulsado por beneficios (según Ámbito). El Nasdaq 100 entró en terreno negativo para el año tras esta ola de ventas.
¿Qué hay detrás de la corrección?
La historia no es sólo una de pánico irracional: las grandes del sector concentraron subas extraordinarias —superiores al 450% en promedio en los últimos cuatro años— y ahora enfrentan dudas sobre si las inversiones en IA generarán rendimientos suficientes en el corto o mediano plazo (según Ámbito). El mercado juzga no sólo la tecnología sino la velocidad de monetización y la marcha atrás frente a activos que se deprecian.
Además, el cuarteto Microsoft, Amazon, Meta y Alphabet proyecta gastos de capital muy altos: aproximadamente u$s600.000 millones en 2026, cifra que concentra flujo de caja y alimenta el temor a que la inversión sea más un lastre temporal que una palanca inmediata de beneficios (según Ámbito). Ese tipo de gasto eleva la incertidumbre sobre márgenes futuros y obliga a los inversores a descontar mayor riesgo.
Cómo piensan los profesionales
La volatilidad ligada a la IA se suma a factores estructurales. En la encuesta anual de J.P. Morgan a 955 traders y profesionales financieros, el 41% señalaba a las tensiones geopolíticas como el principal riesgo para los mercados, mientras que el 19% eligió a la IA como factor determinante; las políticas arancelarias quedaron en tercer lugar con 13% (según J.P. Morgan, citado por Ámbito). El mensaje es claro: la incertidumbre no es transitoria y puede prolongarse al menos varios trimestres.
Implicancias para inversores y emergentes
Para un inversor global, la lección es doble: primero, las carteras concentradas en un puñado de ganadores tecnológicos son vulnerables a correcciones rápidas; segundo, la reevaluación de flujos hacia compañías intensivas en capital puede provocar rotación hacia activos más defensivos. Ese movimiento tiende a reforzar la aversión al riesgo, encarecer el fondeo en dólares para mercados emergentes y, en casos extremos, traducirse en salidas que presionen monedas locales y reservas.
En el caso argentino, esos canales importan: una mayor volatilidad internacional eleva la prima por riesgo y puede traducirse en menor apetito por activos locales. Eso, a su vez, ejerce presión sobre el tipo de cambio y las reservas del Banco Central. Por eso observamos la corrección global desde una óptica doméstica: la acumulación de reservas del BCRA es positiva como colchón, pero debe evitar convertirse en financiamiento encubierto del Tesoro (manteniendo nuestra postura previa sobre la gestión de reservas).
¿Burbuja o ajuste sano?
Hay argumentos en ambos sentidos. Los escépticos señalan que cientos de miles de millones invertidos aún no se traducen en ganancias claras; los optimistas recuerdan que la tecnología puede aumentar productividad y márgenes a mediano plazo. En lo inmediato, lo más probable es una fase de alta volatilidad mientras las empresas reportan resultados que clarifiquen la relación entre gasto y retorno.
Recomendaciones prácticas
Para el inversor particular: diversificar fuera de la concentración tecnológica, revisar plazos y horizonte de inversión, y evitar decisiones apresuradas por pánico. Para las autoridades: monitorear los canales de transmisión a mercados locales y preservar reservas sin que su acumulación sirva para financiar al Tesoro. Para gestores institucionales: exigir mayor transparencia sobre CAPEX y supuestos de amortización en proyectos de IA.
En definitiva, la ola de ventas recientes no invalida el potencial transformador de la IA, pero sí recuerda que la transición implica riesgos y costos. Vemos necesario combinar prudencia en la exposición a los ganadores tecnológicos con políticas macro que reduzcan la vulnerabilidad externa; la acumulación ordenada de reservas por parte del BCRA es útil, siempre que no se convierta en un atajo de financiamiento fiscal.