El dato que abre la nota

Orlando Ferreres proyectó que el dólar oficial cerrará el año en torno a $1.750, lo que implicaría un aumento nominal aproximado del 25% respecto de los niveles actuales (según Orlando Ferreres, entrevista en Maxi Mediodía, 18/2/2026). Esta estimación se apoya, según él, en una inflación anual en la misma magnitud, de modo que el tipo de cambio se “acomodaría con la inflación” y no implicaría un salto discreto del tipo de cambio real (según Orlando Ferreres, entrevista en Maxi Mediodía, 18/2/2026).

Contexto inmediato

La referencia de Ferreres incluye además una paridad teórica o “dólar de equilibrio” estimada en $1.650 en el presente, que él distingue de la proyección de cierre de año (según Orlando Ferreres, entrevista en Maxi Mediodía, 18/2/2026). Si la proyección de $1.750 representa un alza del 25% anual, el nivel implícito vigente hoy rondaría los $1.400 (cálculo propio a partir de la proyección: 1.750/1,25 = 1.400), lo que ofrece un punto de comparación temporal entre el presente y el cierre del año.

Detrás de escena: qué supone la proyección

La mecánica que explica Ferreres es sencilla: una inflación anual cercana al 25% permitiría una depreciación nominal similar sin tocar la competitividad real de la economía. Esa hipótesis depende de, al menos, tres condiciones: 1) que la inflación efectivamente se ubique en ese rango anual; 2) que el Banco Central permita una depreciación gradual dentro de la banda cambiaria sin recurrir a saltos; y 3) que no se produzcan episodios de demanda adicional de contado con liquidación o blue que amplíen la brecha.

Las cifras citadas —$1.750 de proyección, 25% de aumento nominal anual, y $1.650 de paridad teórica— provienen de la propia entrevista citada (Orlando Ferreres, Maxi Mediodía, 18/2/2026). La consistencia interna de la hipótesis es razonable si la inflación resulta ser la que él anticipa; el riesgo es que una inflación mayor obligue a una corrección más pronunciada del tipo de cambio nominal o a una pérdida de reservas para sostener el oficial.

Implicancias para mercados y ahorro

Para el ahorrista promedio, un dólar que sube en línea con la inflación implica que los plazos fijos en pesos seguirán perdiendo poder adquisitivo real si las tasas no se ajustan. Para las empresas importadoras, una depreciación gradual reduce el shock de costos, pero si la brecha con los tipos paralelos se amplía aumentará la presión competitiva. Para los exportadores, un tipo de cambio que acompaña la inflación evita un salto de competitividad, aunque también reduce el incentivo para liquidar ventas si existen controles o retenciones.

Desde la mirada de los mercados, lo que importa no es solo la trayectoria central proyectada sino la credibilidad del proceso. Una depreciación gradual y previsible es menos dañina que una devaluación brusca. Pero si el BCRA acumula reservas a costa de financiar al Tesoro —es decir, si la compra de dólares se usa como sostén fiscal encubierto— la confianza se erosiona y la probabilidad de un ajuste desordenado aumenta.

Riesgos y señales a seguir

Los principales riesgos que podrían invalidar la proyección de Ferreres son: una inflación por encima del 25% anual, un deterioro fiscal que obligue al BCRA a asistir al Tesoro, o presiones cambiarias en el mercado paralelo que amplíen la brecha. Las señales para monitorear son: 1) la evolución de la inflación mensual y la expectativa anual (fuente: series oficiales correspondientes), 2) la variación mensual de las reservas del BCRA y la composición de esas compras, y 3) la evolución de la brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos.

Perspectiva editorial

La proyección de Ferreres es coherente internamente: una depreciación nominal del 25% (anual) anclada a una inflación similar evita un salto real del tipo de cambio y sería preferible a una devaluación abrupta. Sin embargo, su viabilidad depende de disciplina fiscal y de la independencia operativa del BCRA. Respaldamos la acumulación de reservas por parte del BCRA, condicionada a que no se transforme en financiamiento encubierto del Tesoro; sin esa condición, la probabilidad de un ajuste brusco y de un aumento de la brecha cambiaria crece de forma significativa.

En suma, la hipótesis de un dólar oficial a $1.750 hacia fin de año es plausible si las variables macro se comportan según lo esperado; si no, el mercado podría exigir una corrección mucho más rápida.