El agro argentino exportó u$s7.463 millones en el primer bimestre de 2026, 489 millones de dólares más (7% interanual) que en igual período de 2025, según el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA). Este saldo neto de divisas llega en un momento en el que el Gobierno necesita entradas genuinas, pero la lectura no puede limitarse al monto agregado: la composición sectorial y la evolución del tipo de cambio real determinan si esos dólares fortalecen reservas o se erosionan frente a costos crecientes.

¿Qué dicen los números del agro?

Según el relevamiento del CAA, el bimestre mostró un aumento acumulado hasta u$s7.463 millones y un salto de u$s489 millones respecto a 2025 (7% interanual), mientras que febrero aislado liquidó u$s3.341 millones, una caída interanual del 4,5% en ese mes, lo que pone en evidencia mayor volatilidad mensual, según el CAA. El motor del avance no fueron los tradicionales ‘pesos pesados’: el girasol registró una suba extraordinaria de 220% interanual en el bimestre, mientras que trigo, carne y cuero también aportaron; en cambio, soja, maíz y maní mostraron retracciones que limitaron el potencial de crecimiento, de acuerdo al informe del CAA. Estos datos indican una recomposición temporal de la canasta exportadora que puede ser positiva si se sostiene, pero que también remarca la dependencia a rachas de precio y volumen por complejo.

¿Cómo impacta esto en el mercado cambiario y las reservas?

Vemos que ingresos por exportaciones son condición necesaria pero no suficiente para mejorar reservas netas: el CAA registra mayores liquidaciones en el bimestre, pero el Banco Central reporta que el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) cayó 4% respecto al mes anterior (variación mensual), lo que reduce la competitividad de los productores locales y puede frenar futuras liquidaciones si los costos internos siguen subiendo, según datos del BCRA citados por el propio informe. Además, el TCRM se mantiene apenas 3% por encima del promedio de 2025, lo que sugiere que la ventaja competitiva es frágil y dependiente de movimientos cambiarios y de precios internacionales. Por eso, aunque u$s489 millones adicionales en dos meses (CAA) son un alivio, su impacto real sobre reservas y sobre la capacidad del BCRA para acumular activos netos dependerá de si esas divisas entran y se sostienen frente a obligaciones en dólares y presiones sobre el tipo de cambio.

¿Por qué exigimos transparencia y reglas claras?

Apoyamos la acumulación de reservas cuando es genuina y no encubre financiamiento del Tesoro vía intervenciones opacas del BCRA; los flujos del agro pueden ayudar, pero solo con señales de política coherentes: tipo de cambio estable y previsible, reducción de la carga impositiva distorsiva sobre exportadores y reglas claras para la liquidación de divisas. Si el Gobierno interpreta estos u$s7.463 millones del bimestre (CAA) como margen para controles más laxos, existe riesgo de que los dólares se evaporen ante una pérdida de confianza y aceleración del ritmo de importaciones o de intervenciones en el mercado cambiario. Desde la mirada del mercado, un aumento de reservas es positivo solo si mejora la sustentabilidad fiscal y la independencia del BCRA; sin esas condiciones, los mismos números pueden convertirse en meteoros: brillan un mes y desaparecen al siguiente.

En conclusión, celebramos que el agro haya aportado casi medio millardo de dólares más en dos meses, pero insistimos: para que eso se traduzca en mayor estabilidad cambiaria y menor riesgo país es necesario que las liquidaciones sean estables, que el TCRM deje de perder competitividad (BCRA) y que cualquier acumulación de reservas sea transparente y sin financiamiento encubierto del Tesoro, tal como venimos sosteniendo en posiciones públicas recientes.