La economía argentina creció 4,4% en 2025 en términos acumulados, pero ese rebote no se tradujo en empleo formal: la tasa de desempleo subió al 7,5% en el cuarto trimestre del año (trimestral), según el INDEC.
¿Qué muestran los números y por qué importan?
Vemos una economía que se expande sin generar trabajo de calidad. El PBI total aumentó 4,4% en 2025 (acumulado anual), y en el cuarto trimestre la actividad creció 0,6% respecto al trimestre previo y 2,1% interanual (según el INDEC). Sin embargo, la mayor parte de ese avance provino de intermediación financiera (+17,2% interanual y +24,7% acumulado), agricultura (+16,1% interanual y +6,2% acumulado) y explotación de minas y canteras (+8,1% interanual y +8% acumulado), sectores que explican poco empleo registrado (según el INDEC). Esa composición sectorial ayuda a entender por qué el empleo asalariado formal se contrajo y la tasa de desempleo alcanzó 7,5% en el cuarto trimestre (según el INDEC). Estos datos importan porque crecimiento sin empleo no reduce la pobreza ni sostiene la demanda interna.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
El impacto es distributivo y concreto: crecimiento concentrado en sectores intensivos en capital redistribuye renta hacia propietarios y no hacia salarios. La informalidad llegó al 43% en el cuarto trimestre (trimestral), según el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del IIEP-UBA; de ese total, 32% vive en hogares pobres y 27% en situación de vulnerabilidad (IIEP-UBA). En la provincia de Buenos Aires ya hay señales de pérdida de dinamismo: el Índice General de Actividad (IGA) de Orlando Ferreres mostró una contracción de 1% interanual en enero (interanual) y el índice Pulso PBA del Banco Provincia registró en febrero una caída interanual del 2,3%, con la industria bonaerense retrocediendo 8% interanual (según Orlando Ferreres; Banco Provincia). Esto traduce menos demanda para proveedores locales y más presión sobre salarios reales.
¿Por qué el crecimiento no crea empleo formal y qué implica para la política?
El desacople se explica por la composición del crecimiento y por reformas y políticas que favorecen la apertura y flujos de capital por sobre la protección del empleo. Analistas como Lorenzo Sigaut Gravina y Daniel Schteingart señalan que sectores como petróleo, minería y finanzas impulsan el PBI pero contribuyen en forma acotada al empleo formal (citado en nota original). Además, la baja utilización de la capacidad instalada (46% en municipios como San Martín según observatorios locales) anticipa que la industria no va a revertir su caída sin políticas activas (observatorio municipal; datos provinciales). El resultado es un mercado laboral con más trabajo precario: siete de cada diez trabajadores de 16 a 24 años son informales (IIEP-UBA), lo que complica la incorporación juvenil al trabajo de calidad.
Qué proponemos: consolidación fiscal con crecimiento inclusivo
Apoyamos una consolidación fiscal que no se financie con recortes previsionales ni salariales. La combinación actual —crecimiento concentrado y mercado laboral débil— exige medidas productivas y progresivas: incentivos a la inversión industrial laboralmente intensiva, crédito recuperable para pymes que retengan empleo, programas de formación y pasantías vinculadas a cadenas productivas, y retenciones o gravámenes móviles que capturen renta extraordinaria sectorial para financiar estas políticas. Además, es imprescindible reforzar controles contra la informalidad y ampliar transferencias condicionadas a la capacitación laboral.
Con una estrategia que priorice empleo y productividad, se puede convertir un crecimiento parcial y excluyente en uno auténticamente distributivo. Sin estas correcciones, corremos el riesgo de consolidar un modelo donde el PBI sube pero la mayoría de los hogares no ve mejoras en su salario ni en la estabilidad laboral.