La EPH del cuarto trimestre de 2025 evidencia una geografía del desempleo muy desigual: la tasa nacional fue 7,5%, es decir más de 1,6 millones de personas desempleadas, mientras que el Gran Buenos Aires alcanzó 8,6% y el conurbano bonaerense llegó al 9,5% (EPH, INDEC, 4T 2025). Estas cifras no son meras variaciones estadísticas: traducen hogares que pierden ingresos, consumo y oportunidades. Vemos que la pérdida de trabajo está concentrada en los grandes conglomerados urbanos, donde la capacidad de absorber mano de obra asalariada se ha deteriorado, y eso debe orientar las prioridades de política.
¿Dónde está la tensión laboral y por qué importa?
Las cifras muestran que no hay una crisis homogénea: la Ciudad de Buenos Aires tuvo 4,8% de desocupación, mientras que el conurbano llegó a 9,5% (EPH, INDEC, 4T 2025). En la región pampeana, el promedio fue 7,7% con aglomerados como Gran La Plata y Mar del Plata en 9,5%; Gran Córdoba 8,8% y Río Cuarto 8,6% (EPH/INDEC). Al mismo tiempo, provincias del NOA y Cuyo registran tasas mucho más bajas —Santiago del Estero 0,6%, Gran San Luis 1,5%— pero esos números requieren cautela: bajas tasas pueden convivir con empleos informales, baja participación laboral o actividades estacionales. El dato relevante de cantidad es que el Gran Buenos Aires aportó aproximadamente 97.000 nuevos desocupados en el último año y la Ciudad Autónoma sumó cerca de 18.000 (EPH, INDEC), lo que convierte a la periferia metropolitana en el motor del deterioro laboral.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Una tasa promedio nacional del 7,5% (EPH/INDEC, 4T 2025) implica menos demanda agregada donde vive la mayor parte de la población: salarios y empleo son hoy determinantes de la recuperación. Desde nuestra perspectiva, reducir el déficit fiscal no puede pasar por recortar jubilaciones ni salarios, porque eso licua ingreso y frena la demanda, agravando el desempleo que vemos en los grandes centros urbanos. Además, la concentración del desempleo en núcleos urbanos industriales y de servicios muestra una doble falla: caída de la demanda doméstica y restricciones al financiamiento productivo. En Corrientes, la desocupación pasó de 1,9% a 6,1% interanual, un salto que alerta sobre shocks locales que se replican en otras ciudades de tamaño medio (EPH, INDEC). Por eso las políticas macro y sectoriales deben coordinarse: estabilización con protección del ingreso y promoción de la actividad productiva.
Qué políticas urgentes necesitamos para achicar la brecha territorial
La evidencia territorial exige una combinación: consolidación fiscal responsable y medidas productivas que protejan empleo. Apoyamos la consolidación que no se financie con recortes previsionales ni salariales, y proponemos medidas concretas: crédito subsidiado para pymes regionales, programas de reconversión productiva ligados a empleo registrado, incentivos a la inversión en sectores con encadenamientos locales y fortalecimiento de la intermediación laboral en el conurbano. Además, se requieren transferencias condicionadas a empleo y formación para regiones golpeadas —el dato de 14 de 31 aglomerados que mejoraron su empleo muestra que las políticas locales importan (EPH/INDEC). También es necesario monitorear género y formalidad: las mujeres y los trabajadores informales suelen ser los primeros afectados en las crisis y requieren medidas específicas de apoyo a la inserción laboral.
En suma, el mapa del desempleo no es una curiosidad estadística: es un mandato de política. No alcanza con una receta única: necesitamos una consolidación fiscal equilibrada con ingresos más progresivos, protección de jubilados y salarios, y un plan de inversión productiva dirigido a reactivar empleo donde más se perdió. Si no actuamos así, la recuperación será desigual y persistirán las brechas territoriales que hoy registra la EPH (INDEC, 4T 2025).