El Gobierno adjudicó US$101,20 millones del BONAR 2027 en la segunda vuelta de la licitación, a un precio de corte de US$1.011,98 por cada US$1.000 y con una TIREA del 5,59% (según la Secretaría de Finanzas). La operación recibió ofertas por US$217,82 millones y terminó con un prorrateo del 46,46% (según la Secretaría de Finanzas). El Banco Central adquirió US$45 millones en la colocación, aunque las reservas cerraron la semana a la baja de acuerdo a la filtración que circuló en la City.
La mecánica y los números detrás de la colocación
La reapertura del “Bono del Tesoro Nacional en dólares 6%” con vencimiento el 29 de octubre de 2027 permitió adjudicar US$101,20 millones de valor efectivo, equivalentes a un volumen nominal agregado cercano a US$100 millones (según la Secretaría de Finanzas). Con esta operación el stock en circulación del bono alcanza ahora US$500 millones de valor nominal, lo que implica un aumento de US$100 millones respecto al stock previo de aproximadamente US$400 millones (según la Secretaría de Finanzas y cálculos implícitos en la reapertura). El precio de corte fue US$1.011,98 por cada US$1.000 de valor nominal y la TNA quedó en 5,45%, cifras que definen el costo en moneda dura para el Tesoro (según la Secretaría de Finanzas).
La oferta total ascendió a US$217,82 millones, lo que obligó a prorratear las adjudicaciones al 46,46% (según la Secretaría de Finanzas). Es notable que, pese a la demanda, el Gobierno decidió aceptar menos de la mitad de lo ofrecido; técnicamente, la estrategia busca contener el stock pero mejorar la liquidez secundaria del bono. El detalle operativo de por qué el BCRA ingresó con US$45 millones y cómo se registraron esos flujos todavía no fue publicado en forma desagregada.
¿Esto es financiamiento encubierto del Tesoro?
La compra por parte del Banco Central de US$45 millones puede leerse de dos maneras: como acumulación de reservas o como apoyo al Tesoro en una colocación primaria. No contamos con el desglose de la operatoria y por eso la pregunta es legítima (según la filtración en la City). Sin transparencia sobre contrapartes, calendarización de compras y asiento contable, resulta difícil descartar que parte de la operación haya aliviado las necesidades de caja del Tesoro.
Respaldamos la acumulación de reservas solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro; esa es nuestra posición editorial constante (posición previa, 14/03/2026). Para despejar dudas se requieren datos públicos: montos y fechas de compra del BCRA, contrapartes, y si hubo compensaciones internas que impliquen crédito directo al Tesoro. Sin esa información, la intervención del BCRA alimenta incertidumbre sobre la sustentabilidad fiscal y la verdadera capacidad del sector externo.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
El resultado de la licitación envía señales mixtas. Por un lado, la demanda de US$217,82 millones para adjudicar US$101,20 millones muestra apetito por instrumentos en dólares bajo ley local (según la Secretaría de Finanzas). Por otro, la TIREA del 5,59% y la TNA de 5,45% indican que el mercado exige una remuneración moderada para asumir riesgo local en moneda extranjera, lo que no es un subsidio implícito a precios de emisión demasiado bajos (según la Secretaría de Finanzas).
En términos de liquidez, la reapertura puede facilitar la negociación en el mercado secundario y reducir primas de iliquidez sobre este bono en particular. Sin embargo, la noticia de que las reservas cerraron la semana a la baja (según la filtración) atenúa el efecto: si el BCRA necesita usar reservas o emitir pasivos para sostener compras, la estabilidad cambiaria no se fortalece de forma creíble. Los inversores mirarán ahora la secuencia de colocaciones y el relato fiscal que las acompaña.
Qué debería exigir el mercado y qué debería hacer el Gobierno
Los inversores y analistas deben pedir datos concretos y públicos: calendario de compras del BCRA, origen de los dólares usados para suscripciones, y la contabilización exacta de las operaciones (recomendación técnica, no política). El Ministerio de Economía puede beneficiarse de mostrar que las reaperturas responden a una estrategia de mercado —mejorar liquidez y construir curva— y no a una necesidad urgente de financiamiento.
Desde la perspectiva macro, es razonable ofrecer instrumentos en dólares para ampliar alternativas de ahorro y refinanciar vencimientos. Pero si el apoyo del BCRA se convierte en canal permanente para colocar deuda del Tesoro, el riesgo es que se confunda acumulación de reservas con financiamiento encubierto. Vemos con buenos ojos la reapertura, siempre que venga acompañada de transparencia contable y de un rumbo fiscal claro que reduzca la necesidad de intervenciones discrecionales del banco central.