Argentina encara este año vencimientos externos por USD 21.933 millones que, sumados a la demora en el acceso voluntario a crédito internacional, condicionan la capacidad del Banco Central para sostener la estabilidad cambiaria (según Eco Go). Al mismo tiempo, modelos privados calculan que el punto de equilibrio de compras de reservas es de USD 39 millones por día y que, en escenarios de intervención o ventas por USD 2.000 millones, esa exigencia puede trepar hasta USD 82 millones diarios (según LLZ). Este cóctel de vencimientos, expectativas y riesgo externo explica por qué la acumulación de reservas es la preocupación número uno en los despachos económicos.

¿Por qué el Banco Central está en alerta?

El BCRA entró al año comprando más de USD 3.000 millones en el mercado cambiario durante el primer trimestre, lo que el Gobierno presenta como 30% de la pauta anual acordada con el FMI (según la nota de referencia). Pese a esa compra, el organismo había comprometido exhibir reservas netas positivas por USD 2.400 millones al cierre de 2025 y no cumplió esa meta, lo que obliga a negociar un waiver con el FMI para destrabar desembolsos por alrededor de USD 1.000 millones (según la fuente). Los modelos de la consultora LLZ muestran la sensibilidad: si el Central compra cero entre julio y octubre, debería concentrar compras de USD 65 millones diarios entre marzo y julio y replicar ese ritmo en noviembre y diciembre para compensar. Esa volatilidad hace que cualquier interrupción de flujos —por ejemplo, por un shock externo— implique intervenciones mucho más costosas y riesgosas para las reservas.

¿Puede la cosecha salvarnos?

El Gobierno apuesta a una cosecha gruesa con liquidaciones estimadas en USD 31.000 millones (según la nota). Sin embargo, Eco Go calcula que, descontadas importaciones y pagos de servicios, el BCRA retendría como compra neta solo alrededor de USD 7.000 millones en 2026. Si comparamos ese monto con el breakeven de LLZ de USD 39 millones diarios, 7.000 millones equivalen a aproximadamente USD 19,2 millones por día, es decir, menos de la mitad de lo que los modelos privados consideran necesario para sostener la calma cambiaria (cálculo propio con datos de Eco Go y LLZ). En paralelo, la administración confía en repatriaciones: aspira a traer entre USD 15.000 y 17.000 millones de los aproximadamente USD 170.000 millones que los argentinos mantienen afuera del sistema (según PERFIL). En la City, sin embargo, predomina el escepticismo: los números dependen más de la confianza que de garantías estructurales.

¿Qué pasa si faltan los dólares externos?

La experiencia reciente demuestra que cuando el financiamiento externo se cierra, la presión recae sobre reservas y política fiscal. En 2025 el Gobierno recurrió a un blindaje cercano a USD 20.000 millones aportado por el FMI y luego por el Tesoro estadounidense, según la nota, una solución que difícilmente se repita con la misma magnitud en 2026 si el board del FMI demora el waiver. La guerra en Medio Oriente redujo el apetito por activos emergentes y cortó posibilidades de emisión en mercados internacionales, aumentando la probabilidad de que el Tesoro deba postergar vencimientos, renegociar condiciones o intensificar medidas domésticas. Cualquier recurso alternativo —por ejemplo, un acuerdo bilateral con un aliado europeo— tendría costos políticos y exigiría máxima transparencia para evitar la percepción de un financiamiento encubierto desde el BCRA hacia el Tesoro. Esa transparencia es condición no negociable para que la acumulación de reservas merezca respaldo.

Qué debería hacer el Gobierno y el BCRA

Primero, institucionalizar la transparencia: cualquier compra de reservas debe reportarse con detalle sobre su origen (liquidaciones, repatriaciones, swaps) y su ausencia de transferencia fiscal directa. Segundo, asumir que la cosecha es necesaria pero insuficiente: con una proyección de retención neta de USD 7.000 millones (Eco Go) y un breakeven de USD 39 millones diarios (LLZ), hacen falta mecanismos complementarios—prórrogas de vencimientos, líneas contingentes, o acuerdos multilaterales—no soluciones mágicas. Tercero, evitar que el BCRA financie al Tesoro mediante operaciones opacas; la credibilidad cambiaria y la independencia del banco central son el primer muro contra la fuga de depósitos y la brecha cambiaria. Por último, si el Gobierno presenta medidas de repatriación de capitales, deben venir acompañadas de incentivos claros y verificables y de un calendario fiscal que reduzca la necesidad de recurrir a ventas de reservas para cumplir obligaciones del Tesoro.

La suma de vencimientos, un mercado externo condicionado y expectativas frágiles no deja margen para improvisaciones: la política debe priorizar la transparencia, la coordinación con el FMI y opciones de alivio de deuda para que la acumulación de reservas sea sostenible y no un maquillaje temporal del desequilibrio fiscal.