El Banco Central anunció un giro de $24,4 billones al Tesoro por utilidades del ejercicio 2025; el ministro Luis Caputo informó que $6 billones se constituirán como depósitos del Tesoro en el BCRA y $18,4 billones se aplicarán a la recompra de Letras Intransferibles (según el BCRA y el Ministerio de Economía, citado por Ámbito). Esta transferencia más que duplica en términos nominales el monto girado en 2024, cuando se entregaron $11,7 billones (según Economía). El dato central para el mercado es sencillo: hay pesos que cambian de manos dentro del sector público y una intención oficial de reducir el stock de Letras Intransferibles por un equivalente nominal de u$s21.700 millones y una reducción de deuda bruta cercana a 3,3% del PBI, según el Ministerio de Economía.
¿Qué significa para el balance del BCRA?
Observamos tres señales contables inmediatas: el resultado 2025 mostró una ganancia de $34,3 billones, 34% por encima del ejercicio anterior (interanual, según el BCRA); el Patrimonio Neto llegó a $51,3 billones (según el BCRA); y las reservas internacionales cerraron 2025 en u$s41.095 millones (según el BCRA). Esos números explican la posibilidad técnica de girar utilidades sin quebrar formalmente al Central. No obstante, parte de la ganancia provino de valuaciones y devengamientos —por ejemplo, el aumento del precio del oro y ganancias por títulos, según el propio BCRA—, lo que complica hablar de recursos “realizados” versus contables.
Si la recompra de $18,4 billones efectivamente cancela Letras ilíquidas, el BCRA mejora su perfil de activos; pero, como advirtieron analistas como Gabriel Caamaño, cancelar activos considerados de bajo valor contra utilidades devengadas puede ser una mejora contable más que económica para el balance consolidado del sector público (según Ámbito). En suma: hay avance nominal, pero la sustancia depende de qué utilidades son efectivas y de si la operación se acompaña de medidas contractivas verificables.
¿Genera esto financiamiento encubierto al Tesoro?
La operación incorpora una cláusula de moneda neutralidad declarada: $6 billones quedarán como depósitos del Tesoro en el BCRA, y la recompra de Letras se presenta como contrapartida contractiva (según el Ministerio de Economía). Históricamente, operaciones similares en 2024 fueron anunciadas con efecto monetario neutro (transferencia de $11,7 billones, según Economía). Sin embargo, la práctica importa más que la declaración. Si esos depósitos terminan siendo utilizados para financiar vencimientos sin contrapartida contractiva clara, la operación será equivalente a financiamiento del Tesoro por parte del Central.
La clave técnica es sencilla: para que la transferencia sea genuinamente neutra se necesita una operación contractiva que reduzca la base monetaria o una cancelación efectiva de pasivos remunerados. Sin esas señales verificables —calendario público de cancelaciones, auditoría de utilidades y mayor independencia del BCRA— el mercado tiene razones para sospechar que se trata de alivio fiscal temporal a costa de la credibilidad monetaria.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
A corto plazo, la cancelación de Letras Intransferibles puede leerse como positiva: reduce instrumentos ilíquidos en el activo del BCRA y, si se verifica, mejora ratios contables que preocupan a inversores. La cifra de reducción de deuda bruta estimada en 3,3% del PBI (según el Ministerio de Economía) es relevante en términos relativos. Pero los mercados mirarán dos cosas con igual intensidad: la transparencia de la operación y la percepción de independencia del BCRA. Si el giro es interpretado como subordinación del Central al Tesoro, la reacción será negativa para el tipo de cambio y la prima de riesgo.
Con reservas en u$s41.095 millones (según el BCRA), la acumulación de activos internacionales y la recomposición del balance son pasos útiles —siempre que no sean la pantalla para financiamiento fiscal. Vemos coherencia con nuestra posición anterior: apoyamos estas iniciativas solo si son transparentes, no constituyen financiamiento encubierto del Tesoro y vienen acompañadas de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA.
Conclusión: qué deberíamos pedir ahora
Pedimos datos públicos y verificables: calendario de cancelaciones, detalle de la composición de las utilidades distribuidas, el impacto consolidado en el balance público y garantías legales que preserven la autonomía del BCRA. Sin esas pruebas, la operación puede mejorar las cifras contables sin resolver los desalineamientos macroeconómicos que generan presión sobre el dólar y la inflación. El Gobierno ganó margen contable; ahora debe probar que no es un parche, sino un paso hacia reglas fiscales y monetarias creíbles.