El Banco Central compró US$47 millones en la última rueda y las reservas internacionales quedaron en US$45.768 millones, es decir por debajo de la cota de US$46.000 millones que muchos observan con atención, según datos del BCRA.

¿Qué muestran los números?

En la cifra puntual: la autoridad monetaria adquirió US$47 millones en la jornada y registra una caída diaria neta de US$3 millones, con reservas brutas en US$45.768 millones, según el BCRA. Desde el inicio del año el Central suma compras por US$3.253 millones y, específicamente en marzo, lleva comprados US$541 millones; en el mes las reservas aumentaron US$208 millones y en el acumulado anual subieron US$4.603 millones, todo de acuerdo al BCRA. El esquema de bandas se ajusta según el dato de inflación y el propio Central proyecta compras de entre US$10.000 y US$17.000 para 2026, condicionado al grado de remonetización que logre la economía. Además, el Central fijó un límite operativo: no comprar más del 5% del volumen operado en una rueda para evitar distorsiones.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

A corto plazo, la compra persistente de reservas aliviana la presión sobre el tipo de cambio mayorista —que cerró a $1.394 según el Banco Nación— y ayuda a contener el derrape de cotizaciones alternativas; el dólar blue cotizó a $1.420 para la venta, marcando una brecha reducida pero aún relevante, según el mismo informe. Sin embargo, la eficacia de esta estrategia depende de la credibilidad: con una inflación que en febrero fue 2,9% mensual, 5,9% en el primer bimestre y 33,1% interanual, de acuerdo al INDEC, la demanda de cobertura en dólares puede mantenerse elevada. Si las compras no se acompañan de esterilización clara y de limitación del financiamiento al Tesoro, los mercados interpretarán la acumulación como un intento de ocultar emisión, con riesgo de reexpansión de la base monetaria y pérdida de reservas en el mediano plazo.

¿Es sostenible y transparente esta estrategia?

La respuesta técnica depende de dos elementos: cómo se financian las compras y qué tanto se publica sobre su composición. Las compras por US$3.253 millones en 47 ruedas representan ya una porción significativa del rango proyectado para el año: son el 32% del piso de US$10.000 millones anunciado por el propio BCRA. Si la economía remonetiza y el mercado interbancario se profundiza, la estrategia puede sostenerse; si no, el riesgo es que los dólares comprados provengan o se complementen con financiación indirecta del Tesoro —es decir, emisión— y que las reservas se vuelvan temporarias. Por eso exigimos que el BCRA publique diariamente el detalle de contrapartes, el monto exacto de esterilización (letras, pases, depósitos), el stock de swaps y el saldo de financiamiento al Tesoro. Sin esos datos la acumulación es una buena noticia en apariencia, pero insuficiente para garantizar estabilidad.

En síntesis, valoramos que el Central haya conseguido compras consistentes —US$47 millones en la rueda y US$3.253 millones desde enero, según el BCRA—; pero respaldamos esa política solo con transparencia plena y garantías de que no sea un financiamiento encubierto del Tesoro. Sin esa información, la acumulación corre el riesgo de convertirse en un parche que posterga problemas fiscales y monetarios que ya muestran señales por la inflación reportada por el INDEC.