La discusión es simple y urgente: el ajuste fiscal que la Nación logró en 2024 está incompleto porque las provincias volvieron a gastar en 2025, dejando sin resolver cerca de 7 puntos del PIB del gasto adicional acumulado desde 2004, según Osvaldo Giordano del IERAL de Fundación Mediterránea.
¿Qué se rompió en el federalismo fiscal?
Vemos que el problema no es solo un número: entre 2004 y 2023 el gasto público consolidado —Nación, provincias y municipios— subió casi 15 puntos del PIB, y el ajuste de 2024 recuperó solo la mitad de esa expansión, según el diagnóstico presentado por Giordano en Punto a Punto (IERAL). Quedan, entonces, siete puntos del PIB por explicar o corregir. Esa asimetría importa porque cuando el desequilibrio es transversal —varias provincias en déficit— el sistema pierde absorción; Giordano recordó la experiencia de 2001, donde la crisis provincial contagió la macro. Además, el IERAL registra que el gasto público provincial creció en 2025 y se proyecta mayor crecimiento en 2026, un patrón típico en años electorales que complica la consolidación fiscal.
¿Cómo impacta esto en el empleo y en los salarios?
La fisura fiscal tiene un canal claro sobre el empleo y la distribución: una consolidación que se financie vía recortes a salarios o jubilaciones transfiere renta desde asalariados y pensionados hacia el ajuste, deprimendo la demanda agregada. Según Giordano, nueve de los 33 puntos del PIB del gasto consolidado son previsionales (IERAL), lo que muestra la limitada capacidad de corrección rápida por ese lado. Por eso rechazamos financiar la estabilización con recortes a salarios o jubilaciones. En cambio, proponemos medidas que preserven el consumo y el empleo: topes temporales y focalizados a tarifas para aliviar bolsillos sin destruir capacidad productiva; reempadronamiento para identificar beneficiarios reales; y uso transparente y focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para sostener crédito a empresas y proteger puestos de trabajo.
Coordinación fiscal y herramientas de corto plazo: ¿hay salida pragmática?
La reforma estructural que propone Giordano —fusionar funcionalmente ingresos brutos e IVA y mejorar la recaudación de ganancias y bienes personales— es razonable pero lleva tiempo y consenso federal. Mientras tanto, hay instrumentos disponibles con efectos más inmediatos. Por un lado, el FGS puede redireccionarse para impulsar crédito hipotecario y construcción, una palanca de empleo con impacto rápido, idea que Giordano puso sobre la mesa (IERAL). Por otro, mejorar la oferta de crédito productivo requiere aliviar la carga impositiva sobre la intermediación financiera y reconstruir confianza entre ahorristas y bancos; Giordano señala que la banca prefirió colocar liquidez en títulos del Tesoro antes que prestar a empresas. Además, los sondeos del consultor Luis Dall’Aglio muestran que 2 de cada 3 argentinos piensan que la inflación no seguirá descendiendo (Delfos), lo que explica la resistencia política a maniobras que puedan alterar el dato de corto plazo.
La conclusión es doble y clara: no alcanza con celebrar que la Nación logró equilibrio en 2024 si el federalismo fiscal no acompaña; y no es aceptable que ese ajuste se financie con más pobreza o pérdida de empleo. Vemos necesaria una agenda dual: coordinar responsabilidades fiscales entre niveles de gobierno para rediseñar quién hace y quién recauda, avanzar en reformas tributarias de fondo con reglas federales, y en lo inmediato usar el FGS, el reempadronamiento y topes temporales a tarifas para proteger consumo y empleo sin romper la consolidación macro.