Siete días: el dato que resume una década de pérdidas

Con dos salarios mínimos una familia tipo de cuatro integrantes puede vivir solo siete días, según la comparación que hace el Centro de Educación, Servicios y Asesoramiento al Consumidor (Cesyac). El SMVM de febrero es de $346.800 (según el Gobierno), mientras que Cesyac calcula que una familia necesita $93.978 por día para cubrir lo básico en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Lo que pesan los servicios

En diciembre Cesyac estimó que la canasta total mensual de una familia tipo fue de $2.819.354, desglosada en $762.416 para productos de consumo masivo y $2.056.938 para servicios básicos del hogar (Cesyac, diciembre 2025). Esa composición mostró una aceleración: los servicios pasaron a representar casi el 73% del total en 2025, frente al 70% en 2024 y al 66,1% en 2023 (comparación interanual). Ese traslado del gasto hacia servicios —alquileres, impuestos, transporte y servicios personales— tiene consecuencias directas sobre la capacidad de compra de bienes y el consumo interno.

Alquiler: la carga que desborda presupuestos

El alquiler promedio calculado por Cesyac fue de $853.856 mensuales en diciembre de 2025, un aumento del 46,4% respecto a 2024 ($583.057) y del 256% respecto a 2023 ($239.745). Además, la encuesta nacional de Inquilinos Agrupados en 2025 reportó que el 65% de los inquilinos enfrentó aumentos cada tres o cuatro meses; y que solo el 10% paga menos del 20% de su ingreso en alquiler. En muchos casos el alquiler consume entre el 40% y el 100% del salario, lo que deja poco margen para otros bienes y servicios.

¿Por qué importan estos números para la economía?

Vemos dos efectos centrales. Primero, la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo reduce la demanda de bienes y servicios producidos localmente, lo que frena la actividad y limita la creación de empleo de calidad. Segundo, cuando los gastos fijos (alquileres y servicios) se comen la mayor parte del ingreso, la capacidad de las familias para absorber aumentos de precios o para endeudarse de manera productiva se deteriora, aumentando la precariedad.

Cómo llegan las actualizaciones salariales y por qué son insuficientes

Tras un fracaso en el Consejo Nacional del Empleo, el Gobierno fijó aumentos escalonados del SMVM: entre enero y febrero el incremento fue de apenas $5.800; para marzo el SMVM será de $352.400, en abril $357.800 y en agosto $376.600, totalizando un alza de $29.800 entre enero y agosto (fuente: resolución oficial, diciembre 2025). Ese ritmo de ajuste es claramente insuficiente frente a la escalada de los gastos fijos que describimos y explica por qué la cobertura del salario respecto de la canasta se deterioró: un salario mínimo alcanza para cubrir el 55,5% de la canasta de productos básicos y el 25,5% de los gastos totales (Cesyac), contra 65,08% y 28,5% en el mismo periodo de 2024 (comparación anual).

Impactos diferenciados y mirada de género

Aunque no hay un conjunto completo de datos desagregados en la nota de base, observamos que las alzas en servicios y transporte suelen afectar con más fuerza a las mujeres: concentran mayor participación en empleos informales y en tareas de cuidado que implican movilidad y consumo de servicios personales. Por eso, la compresión del salario real tiende a aumentar la sobrecarga doméstica y la vulnerabilidad laboral femenina. Hace falta mayor información oficial desagregada para cuantificar con precisión ese efecto.

Qué políticas priorizar — una agenda de corto y largo plazo

A corto plazo, es urgente que las actualizaciones del SMVM se vinculen de forma más automática y transparente con la evolución de los gastos básicos y el alquiler, para evitar lagunas que depriman consumo. Además, es imprescindible mejorar la regulación del mercado de alquileres (frecuencia de aumentos y ajustes) y crear compensaciones focalizadas para hogares con mayores cargas de alquiler. A mediano plazo, cualquier intento de competitividad que implique deprimir salarios será contraproducente: el salario es demanda. Por eso insistimos en políticas que creen empleo de calidad, crédito barato para inversión productiva y políticas tarifarias que no trasladen indiscriminadamente la inflación externa a los hogares.

Cierre: ajustar sin sacrificar demanda

Los números son claros: dos salarios mínimos ya no alcanzan ni para cubrir un mes, y el avance del peso de los servicios y del alquiler agrava la pérdida de poder adquisitivo. Manteniendo coherencia con nuestra mirada sobre el consumo, observamos que la prioridad debe ser sostener la demanda interna y el empleo, no solo reparar cuentas fiscales a costa de los ingresos populares. Sin una estrategia productiva que aumente productividad y salarios reales, la economía seguirá atrapada en una dinámica de pérdida de mercado interno y mayor precariedad social.