El déficit turístico de Argentina fue de cerca de u$s7.200 millones en 2025, con egresos por u$s12.072 millones y entradas por u$s4.852 millones, según el INDEC. Pese a una leve mejora en el inicio del año —y a indicios de moderación en la emisividad durante enero-febrero— el Mundial 2026 en Norteamérica entra como un factor que puede aumentar la demanda de divisas y poner presión sobre el tipo de cambio.

¿Qué dicen los números y por qué importan?

Según el INDEC, cerca de la mitad del déficit turístico de 2025 se concentró en el primer trimestre, y el desbalance en los dos primeros meses fue de -2,2 millones de turistas, frente a -2,6 millones del año previo. Fundación Mediterránea, a través del economista Marcos Cohen Arazi, reportó que el bimestre enero-febrero mostró una caída del 10% en la cantidad de argentinos que viajaron al exterior y un aumento del 4% en el turismo receptivo interanual. También se estima que la salida de dólares por turismo emisivo en el primer trimestre se mantuvo por encima de u$s4.000 millones, según el mismo análisis. Esos números importan porque ya conforman un drenaje estable de divisas: en 2025 por cada turista extranjero que entró salieron al menos tres argentinos, y cualquier repunte de la emisividad o contracción de ingresos exacerbados por eventos externos amplifica el estrés sobre la balanza de pagos.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Vemos el tipo de cambio como termómetro: un alza sostenida de la demanda privada de dólares por turismo puede traducirse rápidamente en presiones sobre el dólar oficial y en ampliación de la brecha. El Mundial 2026 puede generar flujos adicionales de compra de billetes y servicios en el exterior, especialmente si una porción significativa de viajeros opta por financiar viajes vía mercado cambiario. En ese escenario, las autoridades suelen tener tres herramientas: utilizar reservas internacionales, permitir mayor oferta de divisas o coordinar controles. Cualquiera de estas opciones tiene costos: el uso discrecional de reservas sin transparencia corre el riesgo de ser financiamiento encubierto del Tesoro; los controles reaparecen con incentivos perversos; y la mayor oferta requiere tiempo y políticas activas para atraer visitantes. Por eso es clave distinguir entre acumulación de reservas legítima y maniobras que oculten déficit fiscal.

Qué deberían hacer el Gobierno y el BCRA

Primero, insistimos en la condición previa que ya manifestamos: respaldamos que el BCRA acumule reservas solo si esa política es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro. Cualquier intervención para contener la salida de dólares ligada al Mundial debe publicarse con regularidad y explicar su origen y destino. Segundo, el Ministerio de Turismo y Transporte puede actuar para corregir asimetrías concretas: aumentar la conectividad con Brasil y Norteamérica, facilitar slots y reducir trabas que la Cámara de Turismo identifica como un freno, y lanzar campañas para potenciar el turismo receptivo, que según Fundación Mediterránea ya creció 4% en enero-febrero. Tercero, evitar la tentación del control generalizado: los cepos distorsionan precios, incentivan la brecha y desalientan exportaciones de servicios. Por último, conviene preparar medidas contracíclicas de corto plazo —promociones fiscales temporales, acuerdos con aerolíneas para tarifas competitivas— y, sobre todo, comunicar claramente cómo se financian las medidas para no hipotecar la confianza cambiaria.

En suma, los números del INDEC muestran una mejora parcial pero no una reversión estructural del déficit turístico; el Mundial 2026 puede activar una ola de demanda de dólares que exige respuestas técnicas y transparentes. Acumular reservas es legítimo, siempre que sea con reglas públicas y sin encubrir necesidades fiscales; paralelamente, políticas que aumenten el ingreso de turistas son la forma más sostenible de reducir el déficit en el mediano plazo.