Vemos que el salario de los cajeros en las principales cadenas reúne dos efectos simultáneos: por un lado, niveles nominales que impresionan; por otro, una composición que deja dudas sobre cuánto protege realmente el ingreso frente a la inflación y el empleo. Según iProfesional, los básicos para marzo 2026 son $1.171.091 (Categoría A), $1.176.448 (Categoría B) y $1.183.333 (Categoría C) — datos consignados en el marco del CCT 130/75 y los acuerdos de FAECYS.

¿Qué hay detrás de los números?

El ingreso final no depende solo del básico. El esquema vigente incorpora sumas fijas y un bono extraordinario para grandes superficies. iProfesional reporta una suma fija de $40.000 (remanente de acuerdos previos) y otra de $60.000 incorporada en la revisión de diciembre de 2025, además de un bono de $170.000 que aplicaría a cadenas como Coto y Carrefour (según iProfesional). Con esos conceptos, el artículo señala un bruto cercano a $1.388.519 para cajeros de grandes cadenas (según iProfesional).

A su vez hay adicionales que aumentan el neto: presentismo del 8,33% sobre el total (según iProfesional) y antigüedad de 1% por año trabajado (según iProfesional). Esos porcentajes deben aclararse en la liquidación porque inciden de forma distinta si la suma es remunerativa o no.

Lo material vs. lo estructural

El problema central no es que los números sean altos en términos absolutos, sino la naturaleza transitoria de buena parte del incremento. Las sumas no remunerativas, que hoy evitan descuentos de obra social y jubilación, ofrecen un alivio inmediato pero no consolidan derechos. Cuando una parte significativa del salario es no remunerativa, la protección social se erosiona y la base de cálculo para futuras paritarias queda debilitada.

Además, estos acuerdos rigen desde diciembre de 2025 hasta abril de 2026 y serán revisados en la negociación prevista para abril; es decir, estamos ante una solución temporal que depende de la evolución de precios y del poder de negociación del gremio frente a cámaras como CAC, CAME y UDECA (según iProfesional). Esa temporalidad exige vigilancia: si las sumas no se integran a los básicos, el pulso distributivo podría perderse en seis meses.

Impacto en la demanda y en el empleo

Desde nuestra perspectiva, el salario no es solo un costo para la empresa: es demanda para la economía. Un aumento que no se consolida ni tiene carácter contributivo limita el consumo durable. En sectores intensivos en mano de obra como el comercio minorista, sostener el poder de compra de los trabajadores es también una política para preservar ventas y puestos de trabajo.

Por otro lado, la existencia de bonificaciones segmentadas (el bono de $170.000 para grandes cadenas) introduce diferencias entre trabajadores del mismo convenio dependiendo del empleador. Eso tiene un efecto distributivo claro: redistribuye ingreso hacia quienes trabajan en firmas con mayor capacidad negociadora y deja en desventaja a empleados de tiendas más pequeñas.

Qué conviene exigir en la próxima paritaria

  1. Priorizar la integración gradual de sumas no remunerativas a los básicos para consolidar derechos previsionales y sindicales. 2) Acordar criterios de homologación que eviten brechas entre cadenas grandes y comercios más pequeños. 3) Vincular aumentos a una regla que combine evolución de precios y recuperación del salario real para no depender solo de sumas extraordinarias.

Cierre con perspectiva

Las cifras de marzo 2026 muestran un avance nominal pero también la fragilidad de una estrategia basada en sumas transitorias (según iProfesional). Para que el salario cumpla su función social y productiva hace falta convertir esos incrementos en básicos y sostener la demanda interna: sin eso, cualquier «mejora» nominal corre el riesgo de evaporarse frente a la inflación y de no traducirse en más consumo ni en empleo estable. En la próxima mesa paritaria, esa debe ser la prioridad: transformar alivio coyuntural en protección laboral y poder de compra duradero.