Con los depósitos de $20.000 como “respuesta”, los 700 trabajadores de Lácteos Verónica viven la amenaza concreta del desempleo y la quiebra de una marca histórica. Según Agencia Noticias Argentinas, la compañía dejó de procesar la leche en sus tres plantas —Lehmann, Suardi y Clason— y las líneas continúan paralizadas. El testimonio de un operario resumió la angustia: “ayer nos hicieron un depósito de $20.000, es una burla… Queremos que alguien nos dé respuestas serias, todos tenemos familias” (Agencia Noticias Argentinas).

El dato concreto y su evolución

La propia empresa reportó que pasó de procesar 800.000 litros diarios a apenas 300.000 litros, una caída que no es solo técnica sino directamente económica: menos volumen es menos facturación y menores márgenes para afrontar sueldos e insumos (según datos de la firma citados por Agencia Noticias Argentinas). Además, los trabajadores denuncian que no cobraron los salarios de diciembre y enero; previamente les abonaron la mitad del aguinaldo y $37.000 divididos en dos pagos (Agencia Noticias Argentinas). Estas cifras permiten medir la magnitud del problema: no se trata de un retraso administrativo menor sino de una contracción operativa severa.

Qué falla en la cadena y por qué importa

La empresa enumera cinco factores: caída de la producción láctea nacional, descenso del consumo interno, aumento de costos, baja competitividad de la cadena de valor y concentración del mercado (según comunicado de la empresa, citado por Agencia Noticias Argentinas). En ese diagnóstico coinciden actores del sector: cuando la demanda doméstica se reduce y los costos —energía, envases, logística— suben, las industrias con estructuras de costos rígidas quedan expuestas.

Esa vulnerabilidad se traduce, para nosotros, en dos problemas vinculados: empleo y distribución. Primero, la pérdida de 700 empleos es un golpe directo a economías regionales como Lehmann y Suardi. Segundo, el cierre parcial o total de empresas históricas redistribuye renta desde trabajadores y proveedores hacia acreedores y compradores potenciales, muchas veces a costa del salario y la formalidad laboral.

Posibles salidas y sus límites

En el terreno privado, la venta de la empresa aparece como “la única salvación” para sostener la fuente de trabajo, según trabajadores y gremio. ATILRA mencionó la existencia de posibles compradores, aunque no hay operaciones formalizadas (Agencia Noticias Argentinas). Una venta puede mantener empleos si el comprador invierte y reconvierte la gestión; también puede significar desguace y pérdida de puestos si prima la extracción de activos.

Desde lo público, la situación exige medidas combinadas: apoyo transitorio para conservar la planta operativa (créditos sectoriales o líneas de capital de trabajo condicionadas a mantener empleo), facilidades para reactivar la provisión de leche primaria y esquema de estímulo al consumo local. Estas acciones deben evitar simplemente subsidiar administraciones ineficientes; la condicionalidad es clave.

Lo que proponemos

Vemos imprescindible priorizar la preservación del empleo y la formalidad. Defendemos consolidar salarios y proteger el poder adquisitivo, combinando la expansión de la protección social con políticas activas que sostengan la producción y el empleo registrado. Con ese objetivo proponemos:

  • Intervenciones temporales que permitan reanudar operaciones: créditos blandos o avales para capital de trabajo condicionados a mantener la plantilla y regularizar salarios.
  • Acompañamiento a una eventual venta: cláusulas laborales y de inversión que garanticen continuidad productiva antes de autorizar transferencias de activos.
  • Programas de compra pública o acuerdos con distribuidores para mantener presencia en góndolas mientras dure la reestructura.

Una lección para la política industrial

El caso Verónica no es solo una tragedia empresarial: es un síntoma de una cadena de valor con problemas estructurales. La concentración del mercado y la falta de políticas industriales activas dejan a las pymes y a las firmas con trayectoria a merced de coyunturas adversas. Si queremos evitar más historias como esta, necesitamos intervención pública inteligente que no maquille cierres ni regale recursos sin condicionalidad: crédito dirigido, estímulos al consumo interno y regulación que evite la captura de renta por parte de los eslabones dominantes.

Finalmente, no podemos olvidar que detrás de las cifras hay familias: 700 puestos son 700 economías locales amenazadas. Protegerlos no es solo una decisión técnica, es una elección de política distributiva y de desarrollo productivo.