El consumo de carne vacuna en la Argentina alcanzó un piso histórico: 47,3 kilos por habitante al año, según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA) difundidos por iProfesional. Al mismo tiempo, la oferta se achica por la recomposición del rodeo tras la sequía y los precios al consumidor suben muy por encima de la inflación general, obligando a las familias a cambiar su canasta de proteínas y generando efectos distributivos claros.
¿Qué pasó con la producción y el consumo?
Según CICCRA, el consumo per cápita experimentó una caída interanual del 2,5% (reducción de 1,2 kg en el promedio móvil de 12 meses) hasta 47,3 kg/año. La distancia con el pico de 2008 —68,4 kg— es de 21 kilos por habitante, una comparación que muestra el cambio estructural de largo plazo. En términos de volumen, el consumo aparente en el bimestre enero-febrero 2025 fue de 332,7 mil toneladas res con hueso, 13,8% menos que el mismo bimestre de 2024 (iProfesional, citando a CICCRA). La producción también cayó: la faena en los primeros dos meses del año retrocedió 9,1% interanual, equivalente a 45,5 mil toneladas menos en faena (CICCRA). La explicación técnica es conocida: la sequía 2022–2023 obligó a liquidar rodeos y hoy los productores retienen hacienda para recomponer stock; CICCRA estima que la recuperación del rodeo puede demorar entre dos y tres años. Ese desfase entre oferta y demanda es la primera causa del salto de precios.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino y en los bolsillos?
Los precios de la carne aumentaron 7,0% en febrero de manera mensual, con los cortes vacunos subiendo en promedio 7,4% ese mes (iProfesional/CICCRA). En términos interanuales, los cortes vacunos subieron 63,6% y el asado aumentó 67,6% en doce meses, muy por encima de la inflación general del período (33,1% según el relevamiento citado por iProfesional). El precio al mostrador llegó, por ejemplo, a $16.852 por kilo de asado y $9.521 por kilo de carne picada común en febrero (iProfesional). Las alternativas más baratas tampoco escapan: el pollo subió 10,2% mensual en febrero y se ubicó en $4.489/kg en promedio (iProfesional). En la práctica, vemos una recomposición de la canasta: el pollo alcanzó 47,7 kg por habitante y el cerdo 18,9 kg en 2025 (CICCRA), ganando participación frente a la vacuna. El efecto distributivo es evidente: las familias de menores ingresos recorren menos cortes y pierden poder de compra real. Eso erosiona la demanda agregada y tiene efectos sobre empleo en la cadena alimentaria y el comercio minorista.
¿Qué políticas hacen falta ahora?
La recuperación del stock ganadero es un proceso productivo de largo plazo; por eso se necesitan medidas duales: acciones para estabilizar ingresos de los hogares y políticas productivas para acelerar la recomposición del rodeo sin sacrificar empleo ni salarios. En lo inmediato, proponemos transferencias focalizadas o ampliación temporal de programas alimentarios para preservar el acceso a proteínas, financiadas mediante ingresos progresivos y no con recortes a jubilaciones ni salarios. En el frente productivo, hacen falta créditos blandos y subsidios temporales dirigidos a pequeños y medianos productores para comprar forrajes y repoblar rodeos, junto a asistencia técnica para manejo climático. Además, herramientas de monitoreo de precios y acuerdos públicos-privados en la cadena podrán atenuar la volatilidad de corto plazo. La consolidación fiscal es necesaria, pero no a costa del ingreso popular: priorizar medidas progresivas y un uso estratégico de recursos (incluida la captura de rentas extraordinarias en momentos de precios altos) ayudaría a proteger consumo y empleo mientras se reconstruye la oferta.
La lección es clara: la carne dejó de ser un indicador cultural para convertirse en un termómetro social. Si la recomposición del rodeo demorará 2–3 años según CICCRA, las políticas públicas deben actuar hoy para que esa espera no signifique empobrecimiento nutricional ni pérdida de empleo en las localidades ganaderas y en la industria.