COELSA presentó una solución que permite enviar dinero acercando dos dispositivos con NFC: la transferencia se confirma en pantalla y se procesa en segundos, con comisiones cerca de 0,8% por operación y 4,1 millones de equipos NFC activos en el país (casi 30% del total), según Ámbito. Esta herramienta busca reemplazar parte del flujo QR y promete rapidez y menor error humano. A partir de esa premisa, conviene separar lo operativo (cómo mejora la experiencia de pago) de lo financiero (qué hacemos con los ahorros), y pensar en riesgos tecnológicos y de liquidez antes de usar billeteras como almacén de valor.

¿Cómo funciona y por qué importa?

El sistema se apoya en un chip NFC que habilita intercambio de datos por proximidad: ambos usuarios deben tener la app del banco o billetera abierta, acercar los dispositivos, confirmar en pantalla y la transferencia se ejecuta en la red de pagos existente (según Ámbito y la presentación de COELSA). El dato operativo relevante es que hay alrededor de 4,1 millones de equipos con NFC activos en la red, equivalente a casi 30% del total de dispositivos señalados por la nota (según Ámbito). La tecnología ya se usa en pagos contactless y transporte, pero la disponibilidad final depende de la integración de cada banco o billetera y de restricciones en algunos dispositivos (por ejemplo, limitaciones de acceso al chip NFC en ciertos modelos de iPhone, según Ámbito). Para el usuario final esto significa menos pasos y menos errores al pagar; para la infraestructura, mantiene interoperabilidad con CBU y CVU.

¿Cómo impacta esto en comercios y consumidores?

La promesa central es reducir costos y tiempos: la nota indica una comisión de cobro cerca de 0,8% por operación frente a tasas superiores al 6% por operación en tarjetas de crédito (según Ámbito). Esa brecha, si se materializa en adhesión masiva, reduce el costo de aceptación para microcomercios y vendedores ambulantes, y acelera la rotación de caja. También hay impactos en la experiencia: menos fricción en ventas uno a uno y menor necesidad de terminales físicos. Sin embargo, la intensidad del impacto dependerá de la penetración tecnológica: hoy el 30% aproximado de equipos con NFC permite ciertos usos, pero deja fuera a una porción importante de clientes; además, la interoperabilidad efectiva exige que bancos y billeteras implementen la función. Hay riesgos operativos (fallas en la app, confirmaciones erróneas) y de seguridad que hay que auditar antes de integrarlo como canal principal.

¿Qué tenemos que hacer con esto como ahorristas y comerciantes?

Desde la perspectiva financiera práctica: no cambiar el objetivo de ahorro. Recomendamos mantener parte del ahorro en dólares o instrumentos indexados y priorizar un fondo de emergencia de 3–6 meses (posicion editorial consistente). Usar pagos NFC para consumir es válido; usar billeteras como depósito de ahorro requiere precaución: controlar límites, condiciones de custodia y política de acceso a fondos por parte del proveedor. Para comercios conviene negociar la integración (verificar comisiones por operación, compatibilidad y tiempo de acreditación), testar la experiencia en horario pico y mantener un plan B (QR o efectivo). Sobre seguridad, exigir autenticación en cada operación, actualizar apps y evitar guardar grandes saldos en cuentas de pago instantáneo sin respaldo. En resumen: adoptar la novedad por su eficiencia operativa, pero no desplazar la regla simple de siempre: separar ahorro (dólares o indexados) de dinero para pagos diarios.