El anuncio del directorio de Fate de cesar las actividades en la planta de Virreyes implica el destrato de una tradición industrial: 900 trabajadores corren el riesgo de perder su empleo y toda la red productiva asociada (según iProfesional, 18/2/2026). Este cierre no es un hecho aislado; en mayo de 2024 la misma fábrica ya había despedido 97 trabajadores en un primer aviso de la crisis (según iProfesional, 18/2/2026).
Qué dice la empresa y qué muestra la realidad
El comunicado menciona inversiones pasadas y liderazgo tecnológico acumulado a lo largo de más de ocho décadas; sin embargo, los accionistas propusieron un aumento de capital por hasta el equivalente a u$s45 millones que finalmente no ingresó (según iProfesional, 18/2/2026). La decisión de clausurar una planta que abasteció históricamente al parque automotor local y exportó a mercados exigentes pone en evidencia que los balances empresariales y las condiciones del mercado orientan cada vez más la estrategia productiva.
Impacto en el empleo y en la demanda
Ante todo, debemos preguntar: ¿qué pasa con el empleo y con la demanda agregada? La pérdida de 900 puestos impacta directamente en el ingreso de familias en San Fernando y en proveedores que, en muchos casos, son pymes locales. Menos salarios significa menos consumo; es decir, la salida de producción retroalimenta la caída de la demanda que la empresa invoca como causa. Aquí la prioridad debe ser evitar la destrucción irreversible de empleo y capacidades productivas.
Los factores estructurales detrás del cierre
El artículo señala varios elementos: caída del mercado automotor, extensión de la vida útil de neumáticos por parte de consumidores, costos locales (impuestos, energía), dificultades para importar insumos y la apertura de importaciones desde China y Brasil (según iProfesional, 18/2/2026). Todo eso existe y combina en una ‘tormenta perfecta’. Pero no podemos aceptar como única respuesta que la solución sea flexibilizar derechos laborales o reducir salarios: esa receta consolida una transferencia de ingresos desde trabajadores hacia quienes compiten en escala global.
La discusión política: reforma laboral y señales al mercado
El cierre llega en medio del debate por la reforma laboral, con media sanción del Senado y el inicio de discusiones en Diputados (según iProfesional, 18/2/2026). Hay que estar atentos a dos riesgos: uno, que el cierre sea utilizado como presión para bajar costos laborales sin considerar el efecto sobre la demanda; y dos, que el ajuste sobre salarios se presente como la panacea para la competitividad cuando la solución requiere medidas horizontales —crédito, tarifas, regulación de importaciones e incentivos a la inversión— que preserven la producción local.
Qué políticas son necesarias ahora
Primero, medidas de emergencia para sostener el empleo: negociación tripartita con intervención del Estado para explorar alternativas de preservación productiva, retiro gradual o reconversión industrial. Segundo, políticas de mediano plazo: financiamiento a tasa real baja para la modernización, estabilización de costos energéticos para industrias intensivas y una administración temporal de las importaciones que evite dumping. Tercero, fortalecer la articulación con proveedores locales para que no se pierda la capacidad instalada.
Mirada final
La decisión de Fate es un síntoma de problemas de diseño de política económica: abrir el mercado sin instrumentos de acompañamiento productivo deja a empresas y trabajadores expuestos. Defendemos consolidar salarios y priorizar medidas que protejan la demanda y el empleo, porque sin mercado interno no hay recuperación sostenible. Si la reforma laboral se plantea como solución única, se corre el riesgo de empobrecer la demanda que sostiene a la industria; en cambio, una política industrial activa y una regulación inteligente del comercio pueden evitar que episodios como el de Virreyes se repitan y sigan desmantelando el tejido productivo argentino (según iProfesional, 18/2/2026).