La próxima licitación del Tesoro es una prueba de prioridades: el vencimiento a renovar es de casi $8 billones, tras haber rollado por completo $9,6 billones hace dos semanas y haber absorbido $820.000 millones en esa licitación anterior (según iProfesional). De esa decisión depende si el gobierno continúa secando pesos para frenar la inflación o si afloja el grifo para intentar recomponer crédito y aliviar la mora bancaria.

¿Qué está en juego en la licitación?

La magnitud del vencimiento explicita la disyuntiva. Si el Tesoro decide volver a absorber, repetirá la maniobra de la licitación anterior: roll-over alto y colocación neta negativa en pesos para quitar liquidez. El antecedente inmediato fue una absorción de $820.000 millones en la última operación (iProfesional). Además, la dinámica cambiaria está sumando complejidad: el Banco Central compró u$s3.700 millones en lo que va del año y —siempre según la crónica— volcó unos $5 billones al mercado por esa plaza de dólares (iProfesional). Desde la perspectiva monetaria, esa inyección puede neutralizar el efecto de la absorción del Tesoro y plantea la pregunta sobre si la acumulación de reservas está siendo consistente con la meta antiinflacionaria (Mega QM observa que la base monetaria, en marzo, está 20% por debajo del pico de agosto, según informe citado por iProfesional y Mega QM).

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Las señales ya se sienten en precios y en el balance de los bancos. La tasa de corte para deuda pública en pesos se ubica en torno al 29% efectivo anual (iProfesional); mientras tanto, la inflación registró 2,9% mensual en febrero (INDEC) y las expectativas mantienen una inflación cercana al 34% interanual según análisis de mercado citados por la nota (iProfesional). Esa brecha convierte a muchas tasas en negativas en términos reales. Al mismo tiempo, los depósitos más atractivos pagan alrededor de 32% anual, pero las tasas activas para préstamos personales superan el 100% nominal y pueden elevar el costo financiero total por encima del 250% con cargos e impuestos (iProfesional). El resultado es un ensanchamiento del spread bancario, poca colocación de crédito y mayor uso de operaciones repo para la gestión diaria de liquidez (Mega QM y LCG describen este mapa de riesgo y morosidad creciente).

¿Qué debería priorizar el gobierno en esta coyuntura?

La prioridad declarada de bajar la inflación es legítima; sin embargo, la pregunta es cómo se alcanzará sin generar financiamiento encubierto del Tesoro ni asfixiar al sistema financiero. La compra de dólares por u$s3.700 millones que implicó una inyección de $5 billones (iProfesional) es compatible con acumulación de reservas, pero esa acumulación debe ser transparente y explicada públicamente: ¿proviene de ventas de activos, de endeudamiento externo, o es consecuencia de operaciones que remonetizan la economía? Nosotros mantenemos la posición previa: respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro. Bajos ingresos fiscales, roll-overs por debajo del 100% o compras de divisas que no se esterilizan pueden ocultar un financiamiento indirecto.

En la práctica, eso implica tres requisitos mínimos: coordinación clara entre Hacienda y el BCRA, publicación regular de los flujos que explican las variaciones de reservas y un compromiso público por mantener la independencia del Banco Central. Si Caputo prioriza la contención de la inflación, debe aceptar costos visibles en el financiamiento público; si prioriza recomponer crédito y actividad, debe explicar cómo compensará ese efecto sobre la inflación y en qué plazo. En ambos caminos, la transparencia es condición necesaria para que los mercados —y los ahorristas— confíen en que la estrategia no esconde pasivos futuros (iProfesional, Mega QM, LCG).