La liquidación de divisas del complejo agroexportador registró una fuerte caída en febrero de 2026, que actores del sector vinculan directamente con el adelantamiento de ventas durante el programa conocido como ‘dólar soja’ en septiembre (según Javier Preciado Patiño, Canal E, 10/3/2026).

¿Por qué se desplomó la liquidación en febrero?

Vemos dos mecanismos claros detrás del fenómeno. Primero, el ‘dólar soja’ incentivó ventas fuera de temporada, lo que adelantó flujo de divisas que normalmente habría ingresado más adelante (declaraciones de Javier Preciado Patiño, Canal E, 10/3/2026). Segundo, el volumen real exportado de harinas fue menor al previsto: Preciado señala que se esperaba exportar 30 millones de toneladas de harina y se terminaron exportando 26 millones (Javier Preciado Patiño, Canal E, 10/3/2026). Esa diferencia de 4 millones reduce la oferta de dólares en el mercado en un momento del año en que históricamente la entrada de divisas es menor. Además, la soja comienza a entrar con fuerza en abril, por lo que parte del ajuste es temporal (según la misma entrevista).

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La caída de la liquidación actúa como elemento de estrechamiento de la oferta de dólares al contado, y en un país con mercados cambiarios fragmentados eso se traduce en mayor presión sobre tipos paralelos y la brecha. No contamos con un número oficial público sobre la magnitud exacta de la baja agregada de dólares liquidada en febrero por parte del BCRA al cierre de esta nota; sin embargo, el desplazamiento temporal de ventas implica menos flujo en el tramo libre y potencialmente más demanda en mercados alternativos. Los bonos y la convertibilidad de portafolios reaccionan a la percepción de menos reservas líquidas disponibles, lo que encarece el riesgo país y desalienta entrada de capitales. Por eso es relevante distinguir entre una caída transitoria por stock y una tendencia estructural.

Qué debería hacer el Gobierno y el BCRA

Ante una caída temporal de la oferta de divisas la prioridad es claridad: el Banco Central debe explicar si la menor liquidación impactó sus compras de divisas y si esas compras se financian con emisión o con instrumentos del Tesoro. Respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y exigimos total transparencia sobre compras y emisiones (posición editorial previa). Además, es contraproducente responder con nuevos controles cambiarios generalizados; el camino correcto es facilitar el ingreso de divisas mediante reglas estables, reducir la incertidumbre fiscal y evitar incentivos que distorsionen la decisión de venta del productor.

¿Se normalizará con la próxima cosecha?

Hay motivos para cierto optimismo productivo: la Bolsa de Cereales de Buenos Aires indica que el 74% del área sojera está entre normal y excelente en condiciones de cultivo (Bolsa de Cereales de Buenos Aires), y el volumen de cosecha es estimado por actores del sector en 48–50 millones de toneladas (declaración recopilada por Javier Preciado Patiño, Canal E, 10/3/2026). Si los precios internacionales y las condiciones logísticas no se deterioran, parte del atraso de liquidaciones debería revertirse cuando la soja empiece a ingresar en abril. Sin embargo, la velocidad de la recuperación dependerá del precio doméstico relativo y de la estrategia del Gobierno: si los productores perciben incentivos para retener grano porque el precio local está “planchado” (según Preciado, en torno a 460–465 mil pesos por tonelada), la normalización puede ser más lenta. En suma, es probable que la caída de febrero sea en gran medida un rezago técnico, pero su impacto macro dependerá de la respuesta de política y de la transparencia sobre reservas.