Jorge Brito afirma que la principal duda de los inversores hoy es si Javier Milei seguirá o no en 2027, y liga esa incertidumbre a la freno en la baja del riesgo país y a la cautela en los flujos de capital (Ámbito, 25/3/2026). En la entrevista, Brito destacó que el tipo de cambio cerca de $1.400 y una dolarización de portafolios por aproximadamente u$s36.000 millones en los últimos 12 meses son factores concretos que condicionan decisiones de inversión y la transformación de depósitos en crédito (Ámbito, 25/3/2026).

¿Qué significa esto para el riesgo y los flujos?

Vemos claro el canal: la política condiciona la percepción de sostenibilidad macro y, por ende, los flujos. Brito apunta que la incertidumbre sobre la continuidad del gobierno impacta directamente en la demanda de activos y en la dolarización de portafolios (Ámbito, 25/3/2026). En los últimos 12 meses, según su medición, hubo alrededor de u$s36.000 millones de dolarización, con picos durante los meses electorales del año pasado; eso explica por qué parte importante de esos dólares hoy está “dentro del sistema”, pero aún hay fricción para convertir depósitos en crédito productivo (Ámbito, 25/3/2026). Desde nuestra óptica, respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro; las reservas deben mejorar la capacidad de intervención sin camuflar déficit fiscal.

¿Se puede liberar el cepo sin desatar fugas?

Brito señaló que quedan asuntos pendientes para completar la apertura: en particular, la regulación de dividendos y restricciones para empresas listadas, que hoy limitan la llegada de capital externo (Ámbito, 25/3/2026). Además subrayó que el tipo de cambio debe evaluarse por flujos: importaciones en descenso y exportaciones con potencial de crecimiento son el argumento para no hablar de un atraso automático con el dólar cerca de $1.400 (Ámbito, 25/3/2026). Coincidimos en que eliminar controles es esencial para reducir la brecha y atraer inversión, pero insistimos en el orden: una salida del cepo sin anclas fiscales y monetarias aumenta el riesgo de fuga. Cualquier calendario de liberalización debe acompañarse de reglas claras sobre repatriación de capitales, acceso a divisas corporativas y límites prudenciales para conversión de depósitos.

Morosidad, crédito y el rol del sistema financiero

Brito advierte que hoy la morosidad refleja tanto empresas como individuos en proporciones similares, y que casos de cambio de banco pueden elevar tasas de mora puntualmente de 5% a cerca de 20% en ciertas relaciones contractuales (Ámbito, 25/3/2026). También recordó que el crédito privado en Argentina está en torno al 10%-11% del PBI, frente a 30%-40% en la región, lo que muestra el espacio de crecimiento pero también la fragilidad del fondeo largo (Ámbito, 25/3/2026). En este frente, creemos que la coordinación entre BCRA y bancos es necesaria para contener la mora sin recurrir a soluciones que terminen siendo financiamiento encubierto del Tesoro. El BCRA puede facilitar liquidez de corto plazo y normas prudenciales; pero la independencia institucional del banco es condición para que esas medidas no se traduzcan en emisión disfrazada.

Conclusión: lo que pide el mercado es tres cosas concretas y complementarias —credibilidad política, reglas claras para la apertura cambiaria y un sistema financiero con fondeo estable—. Brito ofrece una radiografía útil: depósitos en dólares que podrían transformarse en crédito, un tipo de cambio que él interpreta en clave de flujos y una morosidad que exige respuestas microprudenciales. Nosotros insistimos: acumular reservas y bajar tasas son pasos valiosos si se hacen con transparencia y sin sustituir disciplina fiscal; sin eso, la duda que hoy citan los inversores seguirá pesando más que cualquier cifra puntual.