Empezamos por lo práctico: si tenés dólares en efectivo y te preguntás si blanquearlos, la respuesta depende de dos cosas concretas: cuánto es, y si podés documentar de dónde vienen. No existe una receta universal, pero sí criterios que permiten decidir sin caer en pánicos.

Qué significa blanquear

Blanquear, en lenguaje ciudadano, suele significar traer al circuito formal billetes que estaban fuera del sistema. Eso puede traducirse en declarar ante AFIP, depositar en una cuenta con el soporte documental correspondiente, o ingresar los fondos mediante algún régimen transitorio que ofrezca la autoridad fiscal. La nota que originó esta columna no especifica alícuotas ni plazos concretos, por lo que cada caso merece asesoramiento profesional.

El contexto macro que importa

La única forma sensata de valorar alternativas es en términos reales: contra la inflación. Para dar una referencia histórica, la inflación interanual (últimos 12 meses) según INDEC fue 36.1% en 2020, 50.9% en 2021 y 94.8% en 2022 (interanual, INDEC). Comparar un rendimiento nominal sin ajustar por inflación es engañoso; perder poder de compra en pesos obliga a pensar en dólares como refugio para parte del ahorro.

Opciones sobre la mesa

  1. Mantener los dólares en efectivo. Ventajas: liquidez inmediata y ningún trámite. Contras: riesgo de robo, pérdida o deterioro; dificultad para justificar origen si luego se busca integrarlos al sistema; riesgo legal si existieran obligaciones fiscales no cumplidas.

  2. Depositar y documentar. Ventajas: seguridad física y trazabilidad. Contras: puede generar preguntas por parte de bancos o la AFIP si el origen no está claro; en algunos casos habrá que pagar impuestos o regularizar situaciones anteriores.

  3. Blanquear mediante régimen específico (si existe). Ventajas: legalidad y cierre de contingencias. Contras: puede implicar costos (multas, alícuotas) y requisitos documentales.

  4. Diversificar la estrategia: conservar una porción en efectivo y otra volcarla al sistema bancario o instrumentos indexados.

Pros y contras, de forma concreta

  • Riesgo penal/fiscal: no conviene llevar billetes sin papeles a una situación donde hay preguntas formales sobre el origen. Aun cuando la autoridad ofrezca un régimen de blanqueo, la documentación es clave.

  • Riesgo de seguridad: robaron o perdés los billetes y no hay vuelta atrás. Eso es pérdida directa del capital, sin compensación.

  • Costo de oportunidad: tener todo en efectivo significa renunciar a instrumentos que, aun con riesgo, pueden ganarle a la inflación o ofrecer cobertura cambiaria. Comparar contra la inflación interanual (INDEC) es la brújula.

Qué recomendamos hacer (pasos concretos)

  1. No tomar decisiones rápidas. Hacer un inventario: cuánto tenés, en qué billetes, cuándo y cómo se obtuvieron.

  2. Reunir la mayor cantidad de pruebas de origen: transferencias, ventas, recibos, contratos, declaraciones juradas. Si faltan papeles, evaluar la posibilidad de reconstruir el origen con documentación alternativa.

  3. Consultar un contador de confianza antes de mover montos significativos. La asesoría profesional evita errores costosos y, en muchos casos, permite acceder a regímenes de regularización favorables.

  4. Mantener una porción de ahorro en dólares pero formalizada: si podemos, depositar parte en una cuenta bancaria (con la documentación) y, si el objetivo es protegerse de la inflación, usar instrumentos en pesos indexados o instrumentos que ofrezcan cobertura en dólares.

  5. Evitar soluciones informales o intermediarios que prometan resolver todo por fuera del sistema: suelen generar riesgos legales y de estafa.

Ejemplo práctico

Si tenés 10.000 USD en efectivo, no hay una única respuesta: si podés acreditar el origen, blanquear o depositar permitirá pasar esos 10.000 USD al circuito financiero y, desde ahí, decidir entre depósitos, bonos o inversiones internacionales. Si no podés documentar el origen, ingresar todo sin asesoramiento puede generar contingencias. Por eso la recomendación es parcial: mantener una fracción líquida y formalizar lo restante cuando haya pruebas.

Conclusión

La decisión de blanquear no es sólo fiscal: es de seguridad, de costo de oportunidad y de planificación. Preferimos mantener parte del ahorro en dólares y priorizar canales formales y documentación para reducir riesgos. Si se puede probar el origen, regularizar suele ser la opción más sensata; si no, conviene asesorarse y planificar una entrada ordenada al sistema en lugar de improvisar.

Fuentes: INDEC (cifras de inflación interanual 2020, 2021, 2022). Para detalles sobre regímenes de regularización y alícuotas vigentes, consultar a AFIP y a un contador matriculado, ya que las condiciones pueden cambiar y la nota original no aporta esos números específicos.