El Banco Central acumuló u$s2.412 millones desde comienzos de año, aproximadamente el 25% de una meta anual de u$s10.000 millones, y lo hizo en menos de dos meses, según el informe publicado por Noticias de Finanzas / Ámbito el 23/2/2026.

El dato y su contraste con el riesgo

Esa recomposición rápida de reservas convive con un riesgo país que se mantiene estancado cerca de los 500 puntos básicos, una señal de que los mercados internacionales aún exigen más que compras puntuales para reducir la prima por la deuda argentina (Según Ámbito, 23/2/2026). Además, del total adquirido, el BCRA se quedó con menos de u$s400 millones luego de los pagos a organismos multilaterales, lo que atenúa el efecto neto de la acumulación (Según Ámbito, 23/2/2026).

Por qué se movieron las reservas

La nota identifica varios factores detrás de la dinámica: emisiones corporativas y subsoberanas récord tras las elecciones, un proceso de desdolarización posterior al proceso electoral, mayor liquidación del agro por la cosecha de trigo y un incremento en la liquidación de préstamos en dólares. Todos esos flujos explican por qué el BCRA pudo comprar dólares en el mercado local durante las primeras semanas del año (Según Ámbito, 23/2/2026).

Detrás de escena: esterilización y debate técnico

El punto que hoy concentra la discusión técnica es la esterilización. Con una política monetaria que mantiene tasas nominales por encima del 30% y volatilidad elevada, algunos analistas plantean relajar la esterilización para bajar tasas reales y apuntalar la actividad (Según Ámbito, 23/2/2026). Romano Group incluso propone comprar reservas sin esterilización para «relajar» las tasas y favorecer crédito y consumo. Esa receta tiene un trade-off claro: puede ayudar a la actividad en el corto plazo, pero corre el riesgo de confundirse con financiamiento del Tesoro si no se acompaña de señales fiscales creíbles.

Qué mira el inversor y por qué el EMBI no baja

Los inversores extranjeros valoran la acumulación de reservas, pero también piden pruebas de que esa dinámica es sostenible y no fruto de factores temporales. En ese sentido, el mercado evalúa la evolución del crecimiento, la heterogeneidad sectorial de la recuperación y la trayectoria de la inflación. La reforma laboral aprobada en Diputados es una señal política relevante, pero el mercado suele exigir medidas económicas estructurales —fiscal y de institucionalidad— para descontar reducciones sostenidas de riesgo (Según Ámbito, 23/2/2026).

Implicancias para el lector

Para el ahorrista: las compras de reservas sostienen el tipo de cambio en niveles próximos a los previos a la elección, pero no eliminan el riesgo de saltos si cambia la percepción de sostenibilidad. Para el que toma crédito: una eventual relajación de la esterilización podría bajar tasas nominales en pesos, pero solo si va acompañada por bajar inflación esperada; de lo contrario, el alivio sería temporal. Para el inversor en bonos: los títulos CER siguen siendo demandados (rendimientos de referencia citados cerca de 8,4%), mientras que la tasa fija ofrece hasta 3,1% TEM, lo que explica la preferencia por instrumentos indexados por inflación en el contexto actual (Según Ámbito, 23/2/2026).

Nuestra lectura y qué debería hacer el Gobierno

Respaldamos la acumulación de reservas por parte del BCRA, condicionada a que no se transforme en financiamiento encubierto del Tesoro. La recomposición de reservas es una herramienta valiosa para reducir vulnerabilidades externas, pero su eficacia requiere tres condiciones mínimas: (1) transparencia sobre el origen neto de las compras y el impacto de los pagos a multilaterales; (2) un sendero fiscal que evite que la compra de dólares termine monetizando el déficit; y (3) independencia operativa del BCRA para decidir sobre esterilización y tasas con criterios técnicos.

Sin esas señales, la mejora de corto plazo puede quedarse a mitad de camino: reservas al alza pero riesgo país sin recortar. El mercado ya incorporó los avances iniciales; ahora exige coherencia estructural. La aprobación de reformas, incluida la laboral, ayuda en el frente político, pero no sustituye un anclaje fiscal e institucional que demuestre que la acumulación de reservas no es un parche transitorio.

En suma, la estrategia está bien direccionada, pero su sostenibilidad pasa por limpiar la ambigüedad entre política monetaria y financiamiento del Tesoro. Los próximos informes del BCRA sobre balance cambiario y la evolución fiscal serán la prueba de fuego para que el EMBI comience a moverse a la baja de forma sostenida.