Datos centrales

El Banco Central cerró la semana con compras por u$s615 millones en el mercado mayorista, la cifra semanal más alta desde enero de 2025 (según el BCRA). El viernes la entidad compró u$s42 millones y extendió a 30 ruedas consecutivas un saldo comprador en el MULC (según el BCRA). Como resultado, las reservas brutas subieron a u$s45.158 millones, un avance diario de u$s102 millones y un incremento semanal de u$s218 millones (según el BCRA).

Qué significa en el corto plazo

La racha de compras alivia la tensión sobre el tipo de cambio oficial y contribuye a anclar expectativas. El dólar mayorista, que repuntó a $1.399,50 tras seis bajas consecutivas (según el informe del 13/2/2026), acumula desde el inicio del año una caída cercana al 4% (acumulado desde el 1/1/2026). En la semana el mayorista retrocedió $32,50, equivalente a -2,3% en la variación semanal (según el informe del 13/2/2026). En el segmento minorista el Banco de la Nación informó ventas a $1.420, mientras que el blue cerró estable en $1.440 y el dólar cripto cotiza en $1.467,61 (según Bitso y el informe del 13/2/2026).

Detrás de escena: por qué compra el BCRA

Las compras del BCRA reflejan la decisión de acumular activos internacionales en un contexto de volatilidad. No obstante, el pasaje del MULC a reservas brutas no es 1 a 1: hay efectos por pagos de deuda, movimientos del sector público y cambios en cotizaciones que explican la diferencia entre monto comprado y variación de reservas (según el propio BCRA). Además, factores estacionales en liquidación de exportaciones o entradas de capital pueden facilitar compras puntuales sin necesidad de recurrir a emisión.

Riesgos y condiciones que debemos monitorear

Acumular reservas es preferible a una fuga de divisas, pero la clave es cómo se financian esas compras. Si provienen de un superávit real de divisas o de intervenciones esterilizadas, ayudan a ganar tiempo y credibilidad. Si, en cambio, implican transferencias al Tesoro mediante pases, swaps o una ampliación encubierta del financiamiento, entonces el BCRA estaría sustituyendo deuda por emisión, lo que a la larga vuelve insostenible la estrategia (visto en episodios argentinos previos).

Por eso insistimos: la acumulación de reservas debe acompañarse de transparencia, límites legales y comunicación clara sobre la esterilización. Sin esas señales, los mercados podrían interpretar las compras como un intento temporal de contener el tipo de cambio hasta una emisión más amplia, y la consecuencia sería pérdida de credibilidad y riesgo de reversión brusca.

Implicancias para el mercado y los usuarios

Para el ahorrista con depósitos en pesos, mayores reservas reducen el riesgo de saltos abruptos del tipo de cambio oficial, pero no borran el riesgo inflacionario. Para el que opera en el contado con liquidación o en el mercado paralelo, la brecha de 13,3% contra el techo de la banda continúa ofreciendo señales de que persisten distorsiones de precios relativos (según el informe del 13/2/2026). Para el inversor externo, lo relevante será la consistencia entre compras y la política fiscal: sin una senda fiscal creíble, cualquier acumulación puede resultar temporal.

Qué conviene observar en las próximas semanas

  1. Composición de las entradas que financian las compras: si provienen de exportaciones, liquidación estacional o flujos de cartera. 2) Acciones del Tesoro relativas a ventas de reservas o acuerdos de corto plazo que puedan revertir la acumulación. 3) Indicadores de esterilización: si el BCRA emite Leliq o realiza pases para neutralizar el impacto monetario.

Conclusión y recomendación

Vemos al tipo de cambio como termómetro y celebramos que el BCRA acumule reservas cuando lo hace sin convertirse en financiamiento encubierto del Tesoro. La compra de u$s615 millones y el avance de reservas hasta u$s45.158 millones son datos positivos en el corto plazo (según el BCRA), pero la sostenibilidad exige reglas, independencia del banco central y transparencia sobre la sterilización. Sin esas condiciones, la racha de 30 ruedas positivas puede quedar como un parche y no como un ancla duradera para la estabilidad cambiaria y macroeconómica.