El Banco Central informó la compra de US$50 millones en la rueda del 9 de marzo, pero las reservas brutas cerraron en US$45.768 millones, una baja diaria de US$236 millones, y el indicador de riesgo país subió a 583 puntos, según reportes oficiales y de mercado.

¿Qué muestran los números y por qué cayeron las reservas?

Vemos un cuadro mixto. Según datos del BCRA, la autoridad compró dólares por US$50 millones y acumula compras por US$3.053 millones desde que comenzó el año, tras 44 ruedas consecutivas con compras. En marzo lleva comprados US$341 millones y, en el acumulado mensual, las reservas crecieron US$208 millones; en lo que va del año las reservas brutas subieron US$4.603 millones, según el propio Central. Aun así, el saldo diario fue negativo por efectos de valuación: el BCRA atribuye la caída a la baja en cotizaciones de activos (especialmente oro, por unos US$130 millones) y a pagos a organismos internacionales por algo más de US$30 millones. El economista Federico Machado indicó en X que las reservas netas se ubican en aproximadamente US$-1.724 millones, dato que compacta la diferencia entre el stock bruto y los pasivos en moneda extranjera.

¿Es acumulación genuina o financiamiento encubierto del Tesoro?

La pregunta que se hacen los mercados es exactamente esa. El propio BCRA proyecta que las compras podrían alcanzar entre US$10.000 millones y US$17.000 millones en 2026, en función de la remonetización de la economía. Además, el régimen vigente limita las compras diarias a no más del 5% del monto operado en el mercado para evitar distorsiones. Sin embargo, la legitimidad de ese proceso depende de dos cosas: primero, la fuente de esas divisas (exportaciones líquidas, financiamiento externo, intervención cambiaria contra emisión local, etc.); segundo, el mecanismo de esterilización para impedir que la compra de dólares se transforme en emisión monetaria que luego financie al Tesoro. Respaldamos la acumulación de reservas solo si no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y si hay total transparencia sobre compras y emisiones. Sin esa claridad, la acumulación puede ser cosmética y aumentar la vulnerabilidad fiscal y cambiaria.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

El efecto inmediato es ambiguo. Por un lado, compras constantes pueden disminuir la presión sobre el tipo de cambio y reducir volatilidad en el corto plazo; por otro, el mercado castiga la opacidad: el riesgo país subió a 583 puntos, lo que encarece el acceso a crédito externo y presiona sobre la inversión extranjera, según datos de mercado. En la plaza cambiaria, el dólar oficial cerró el 9 de marzo a $1.389 (compra) y $1.440 (venta) en el Banco Nación; el mayorista cerró en $1.416 y el blue operó alrededor de $1.405/$1.425, según informes públicos. Si los participantes sospechan que las reservas se acumulan mediante pasivos o swaps vinculados al Tesoro, la brecha cambiaria puede reabrirse y acelerar salidas. Las reglas que limitan las compras al 5% diario ayudan, pero no sustituyen la información sobre financiamiento y esterilización.

Qué debería pedir el mercado y qué esperamos

Los inversores y los ciudadanos requieren datos concretos: origen de las compras (exportaciones, financiamiento, reservas preexistentes), detalles sobre la esterilización (instrumentos, plazos, costos) y un calendario de intervención alineado con metas macro. Es imprescindible que el BCRA publique informes desagregados y que la autoridad mantenga independencia frente al Tesoro; la historia argentina demuestra que la opacidad y el uso de reservas para financiar gasto terminan en devaluaciones abruptas o en crisis de confianza. A futuro, el gobierno debería combinar acumulación ordenada de reservas con disciplina fiscal —no con atajos monetarios— y facilitar auditorías independientes de las reservas netas. Sin esa combinación, la aparente recuperación de stock bruto puede convertirse en un espejismo caro para la economía.