El Banco Central compró u$s4.034 millones en el Mercado Libre de Cambios desde el 5 de enero, pero las reservas brutas aumentaron apenas u$s613 millones en el mismo lapso y las reservas netas siguen en terreno negativo, según Ámbito a partir de datos del BCRA. Así, el esfuerzo de compra del BCRA —56 jornadas consecutivas con saldo positivo en el MLC— no se tradujo en una acumulación equivalente de reservas disponibles, porque buena parte de esa oferta fue absorbida por otras salidas y por la volatilidad global.
¿Por qué las reservas suben menos de lo que compra el BCRA?
Vemos que las compras en el MLC no son el único movimiento que afecta el saldo de reservas: según Ámbito y datos del BCRA, aunque el saldo acumulado de compras llegó a u$s4.034 millones, las reservas brutas subieron solo u$s613 millones y desde el máximo del 25 de febrero retrocedieron más de u$s3.000 millones. Esa brecha se explica principalmente por tres factores identificables en los registros: pagos de deuda externa que reducen posiciones en moneda extranjera, movimientos de valoración por volatilidad internacional —la noticia menciona efectos sobre el oro por la guerra en Medio Oriente— y ajustes contables o swaps que no implican efectivo neto retenido. Además, el BCRA había orientado su objetivo a adquirir cerca del 5% del volumen del MLC; el cumplimiento por encima de esa meta se financió en parte por oferta extraordinaria de divisas, incluida la colocación de Obligaciones Negociables, según el mismo reporte.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Desde la óptica del mercado, la señal es ambivalente: por un lado, la autoridad está comprando dólares de manera sostenida —56 jornadas con saldo positivo— lo que tiende a moderar presión sobre el tipo de cambio; por otro lado, que esas compras no se traduzcan plenamente en reservas netas genera incertidumbre sobre la capacidad real de intervención futura. El dólar oficial mayorista repuntó y cerró en $1.382,50 el viernes 27 de marzo, según Ámbito, mientras el tipo de cambio real permanece cerca de mínimos recientes. Los inversores institucionales evalúan no solo el flujo de compras sino la calidad y permanencia de las reservas: reservas que quedan comprometidas por pagos de deuda o por operaciones con el Tesoro no mejoran la posición de liquidez para defender el peso en shocks. En ese escenario, la brecha y la percepción de riesgo país pueden reaccionar si el mercado interpreta que la acumulación es transitoria o está siendo usada como financiamiento encubierto.
¿Qué debería exigir la política económica?
Apoyamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro, y aquí es donde se juega la credibilidad. Exigimos que el BCRA publique detalle diario de compras y ventas en el MLC, desglose de depósitos, cronograma de pagos de deuda que afectaron reservas y cualquier operación entre BCRA y Tesoro, todo con la traza contable que permita verificar si hubo transferencias discretas de recursos. Además, conviene que se fije un marco explícito sobre el uso de reservas brutas versus netas y que se comunique claramente el peso de instrumentos no líquidos o de valoración en el total reportado —por ejemplo, la participación del oro o activos cuyo precio fue volátil por la guerra en Medio Oriente. Si la acumulación mejora la posición neta y es financiada por venta genuina de divisas del sector privado o por acceso al mercado, la medida merece respaldo; si se trata solo de movimientos contables o de ocultar financiamiento del Tesoro, entonces el efecto será pasajero y peligroso para la credibilidad.
En definitiva, celebramos que el BCRA esté comprando cuando hay oferta, pero insistimos en dos condiciones: transparencia total de las operaciones y limitación clara de cualquier flujo que pueda considerarse apoyo financiero al Tesoro. Sin esas señales, la acumulación de u$s4.034 millones puede resultar en una ilusión estadística que no reduce el riesgo cambiario ni mejora la solvencia frente a futuras turbulencias.