La baja de la tasa en pesos reordenó carteras: los títulos en moneda local ahora pagan rendimientos que compiten y, en muchos casos, superan la alternativa en dólares, y eso puede empujar al dólar a un “nuevo piso” cercano a $1.450–$1.500. Según iProfesional, una letra S30N6 rinde 26,9% anual y el bono “TY30P” paga 29,5% anual; la tasa Tamar para plazos altos está en 22,5% anual, lo que explica el traslado de fondos hacia papeles más rentables.

¿Qué dicen las tasas y la inflación implícita?

Los precios de los títulos revelan expectativas diferentes a las del REM del BCRA. Una letra al 30/11/2026 (S30N6) rinde 26,9% anual y una Boncap T30A7 rinde 29,7% anual, mientras que una letra ajustada por inflación (X30N6/TZXA7) paga cerca de 0,11% y 1% respectivamente, según iProfesional. Esa combinación implica que el mercado descuenta una inflación a 6–12 meses en torno al 26,9%–29,7% anual, frente al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA que proyecta 24,2% a 12 meses. Vemos, por lo tanto, una prima de riesgo inflacionaria en precios que obliga a no confiar únicamente en proyecciones oficiales.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La baja de tasas en pesos elevó la paridad de bonos como el “TY30P”: su precio subió de $116,60 hace un mes a $121, y quienes entraron a $100 acumulan una ganancia en pesos del 35,75% (incluyendo cupones), equivalente a una ganancia en dólares del 12,5% cuando el dólar MEP pasó de $1.193,20 (4/6/2025) a $1.440,4 actualmente, una devaluación nominal del 20,7%, según iProfesional. Al mismo tiempo, la emisión en dólares tuvo buena recepción: colocación de AO27 y AO28 por u$s848 millones (esperados u$s500 millones) y un total de u$s1.700 millones entre bonos corporativos y provinciales en abril, datos consignados por iProfesional. La consecuencia visible es que las alternativas en pesos compiten con activos en dólares y alimentan movimientos en ambos mercados.

¿Por qué podría subir el dólar y no necesariamente la inflación?

Si la tasa en pesos sigue bajando habrá incentivos para posicionarse en activos en dólares o en títulos en pesos con rendimiento real, lo que puede empujar la cotización del dólar oficial y financiero algunos escalones arriba sin que eso implique inmediatamente un traslado pleno a precios. iProfesional sugiere un rango $1.450–$1.500 como posible nuevo piso, apoyado además por la expectativa de liquidaciones agrícolas extraordinarias —una cosecha proyectada cercana a 170 millones de toneladas— que podrían generar un “bolsón de liquidez” en mayo y presionar las tasas a la baja. No obstante, ese mayor ingreso de divisas debe manejarse con reglas claras para no traducirse en financiamiento fácil del gasto.

Riesgos fiscales y de política monetaria que no debemos ignorar

Una mejora de la cuenta de capital y colocaciones exitosas en dólares son positivos, pero no son gratis. Si la menor tasa en pesos es financiada con asistencia del Banco Central al Tesoro o con intervenciones opacas, el alivio será temporal y la confianza volverá a resentirse. Apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA; esa es la condición para que un dólar algo más alto mejore competitividad sin reavivar la inflación. Las cifras del mercado (tasas nominales 26,9%–29,7%, REM 24,2%, colocaciones por u$s848M) obligan a que las autoridades expliquen el mecanismo de formación de reservas y el plan fiscal.

Conclusión: más margen político, menos margen para improvisar

Vemos un mercado que premia papeles en pesos y descuenta una inflación mayor que la del REM, mientras que una ola de liquidaciones del campo y colocaciones en dólares ofrecen una ventana para recomponer reservas. Esa oportunidad requiere reglas: transparencia en las compras de divisas, claridad sobre la financiación del Tesoro y mayor autonomía del BCRA. Sin esas condiciones, una baja de tasas y un dólar más alto pueden terminar siendo un parche temporal, no una ancla creíble para la estabilidad.