El tipo de cambio mayorista cayó $56 en dos meses —un 3,8% respecto al cierre de 2025— mientras la inflación acumuló entre 5,4% y 5,9% en el mismo período, según el INDEC y las consultoras privadas. Resultado: el peso se apreció cerca del 7% en términos reales, superando la apreciación de Brasil (4%) y México (4%) en el mismo lapso, de acuerdo a datos de Enconviews. El Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) tocó mínimos desde junio de 2025.
La pregunta es: ¿cuánto de esto se traduce en pérdida de competitividad? La respuesta no es uniforme. Depende del sector, del socio comercial y del momento de la actividad económica. Observamos tres dinámicas en simultáneo que es necesario separar.
¿Por qué las importaciones siguen cayendo si el peso se apreció?
Según datos del INDEC, en enero las importaciones registraron una nueva caída mensual, concentrada en bienes de capital y de consumo. Esto contradice la expectativa mecánica: peso fuerte = importaciones baratas = más compras externas.
La explicación está en la desaceleración de la actividad. Desde octubre, la industria manufacturera acumula meses de contracción. Claudio Caprarulo, de Analytica, señala que este estancamiento hace de contrapeso: no importa cuán competitivo sea el precio del bien importado si la demanda interna está débil. Las empresas no compran insumos ni bienes de capital si no hay perspectiva de producir y vender.
El superávit comercial de enero —u$s1.987 millones— responde a esta dinámica: exportaciones agroindustriales empujadas por la cosecha de trigo y una caída en las importaciones por desaceleración interna. No es un superávit “virtuoso” impulsado por competitividad exportadora.
¿Qué sectores exportadores sufren más la apreciación?
No todos por igual. Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, distingue claramente: en commodities (soja, derivados, petróleo, gas), el precio internacional es determinante. El tipo de cambio importa, pero menos. Ejemplo: cuando el barril de petróleo estaba por debajo de u$s60, la apreciación del peso era un problema secundario. Ahora, con el Brent en u$s70, la rentabilidad del sector energético se sostiene pese al atraso cambiario.
Distinto es el caso de sectores con mayor valor agregado. Ahí, la apreciación sí pega fuerte. Competir con productos brasileños o chinos se vuelve más difícil: los costos internos (salarios, servicios, insumos locales) están atados a la inflación, mientras que el precio del producto importado se abarata en pesos.
Frente al real brasileño, el tipo de cambio real argentino está en $268, cerca de los valores más bajos de toda la serie histórica, según Enconviews. Esto implica que nuestras manufacturas son más caras en el mercado brasileño, y las suyas, más baratas acá.
¿El ancla cambiaria es sostenible?
El gobierno usa el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria. Es parte constitutiva del programa, como señala Caprarulo. La pregunta es: ¿a qué costo?
Vemos acá un trade-off clásico: tipo de cambio bajo ayuda a contener precios en el corto plazo, pero comprime la rentabilidad exportadora y expone a la industria a competencia importada. Si la actividad no se recupera, este esquema puede sostenerse un tiempo más sin generar un déficit externo explosivo —las importaciones seguirán débiles—. Pero si la economía rebota, la presión sobre la balanza comercial será inmediata.
Federico Gluistein advierte que el peso está sobrevaluado en términos técnicos “al menos un 14%” tomando como referencia el 2002. Esa métrica es discutible —2002 fue un momento de colapso—, pero señala una realidad: el margen para seguir apreciando sin costo fiscal (menor recaudación por retenciones) y productivo (desincentivo exportador) se está agotando.
Lo que viene
No esperamos un cambio de programa en el corto plazo. El gobierno priorizará la desinflación sobre la competitividad cambiaria. Eso implica que la apreciación puede continuar si la inflación no cede más rápido que la baja del dólar oficial.
La clave estará en la reactivación: si la actividad industrial repunta, la tensión entre ancla cambiaria y equilibrio externo se hará explícita. Por ahora, la desaceleración actúa como amortiguador. Pero amortiguadores que dependen de la recesión no son política económica —son paréntesis.