El sueldo básico inicial del personal bancario quedó en $2.187.023,79 luego de la actualización vinculada a la inflación de febrero, según informó iProfesional el 13/3/2026. La Asociación Bancaria explicó que las subas son de aplicación a todas las remuneraciones —remunerativas y no remunerativas— y que, acumuladas en enero y febrero, alcanzan 5,9% respecto de diciembre, mientras que la inflación de febrero fue de 2,9% (INDEC, febrero 2026). Vemos en este movimiento la lógica de una negociación que busca compensar pérdidas de poder adquisitivo mes a mes, pero que plantea preguntas sobre equidad y financiamiento.

¿Qué cambió para los salarios bancarios?

La actualización dejó el básico inicial en $2.187.023,79 y el monto para el Día del Bancario en $1.949.656,06 para la primera categoría (iProfesional, 13/3/2026). La Asociación Bancaria detalló que la mejora se aplica a haberes brutos mensuales, habituales y totales, incluyendo adicionales convencionales y no convencionales; en la práctica, esto alcanza también presentismo, títulos y otros complementos que integran el salario. El sindicato y las cámaras (ABAPPRA, ADEBA, ABA) y el Banco Central acordaron que las subas se liquiden en tiempo y forma sin esperar la homologación del Ministerio de Trabajo, y que por ahora la actualización será mensual por costo de vida; las fuentes advierten que la metodología podría revisarse a partir de abril, aunque ambas partes prevén continuidad (iProfesional, 13/3/2026).

¿Cómo impacta esto en el poder adquisitivo y en la demanda?

La corrección automática equipara, al menos en el corto plazo, el salario bancario a la inflación mensual: la suba del mes responde al 2,9% de febrero (INDEC, febrero 2026). Proteger salarios es clave para sostener demanda agregada; un sector con ingresos preservados mantiene consumo y, por extensión, empleo en ramas vinculadas. Sin embargo, no todos los trabajadores están en la misma situación: los bancarios suelen estar entre los mejor remunerados del sector privado, por lo que este acuerdo no resuelve las pérdidas de poder adquisitivo en los segmentos de menores ingresos. Además, la composición del ajuste importa: que la mejora se integre al básico —y no quede en complementos transitorios— determina su incidencia en aportes, jubilaciones y base de cálculo de derechos. Por eso insistimos en que las recomposiciones se integren al básico y que tengan salvaguardas para el empleo, sin financiarse con recortes previsionales (posición editorial, 2026).

¿Qué queda pendiente para la negociación colectiva y la política económica?

Queda en discusión la sustentabilidad y el alcance de este mecanismo de ajuste mensual. La automatización protege frente a salidas de poder adquisitivo en contextos de alta inflación, pero necesita reglas claras sobre financiación y cobertura sectorial. Si las mejoras salariales se consolidan en básicos, aumentarán la recaudación por aportes y la protección social; si predominan pagos no integrados o temporales, la recomposición será más frágil. Asimismo, la posibilidad anunciada de revisar la metodología desde abril obliga a monitorear que cualquier cambio no erosione derechos ni transfiera el costo a los jubilados o a recortes presupuestarios. Desde nuestra lente, no alcanza con corregir sector por sector: el Gobierno debe garantizar mecanismos que preserven empleo, extiendan la recomposición a los sectores más golpeados y evitar financiar esos aumentos con recortes previsionales, tal como defendimos en posiciones previas (marzo 2026).

En síntesis, la actualización acordada por la paritaria bancara responde a la inflación reciente y preserva el salario de un sector clave, pero plantea desafíos de equidad y financiamiento que la política debe resolver. Mantendremos la atención sobre la metodología a partir de abril, la integración al básico de las mejoras y la garantía de salvaguardas para el empleo, sin recurrir a ajustes sobre las jubilaciones ni a recortes previsionales (iProfesional, 13/3/2026; INDEC, febrero 2026).