Nafta récord bajo Trump: el combustible que complica su futuro electoral
El precio promedio del galón de nafta en el segundo mandato de Trump ya superó el récord anterior y se acerca a los u$s 4,17. Cómo impacta esta suba en el bolsillo de los estadounidenses y qué lecciones deja para la inflación global.
El precio de la nafta en Estados Unidos está a punto de marcar un récord indeseado para la administración de Donald Trump. Según un análisis del Financial Times sobre datos federales, el promedio durante su segundo mandato superará los u$s 3,46 por galón este 2 de noviembre de 2026, superando el máximo registrado bajo Joe Biden.
Apenas un día antes de las elecciones de medio término, el costo del combustible se convirtió en un pasivo electoral importante para los republicanos. El galón de nafta se ubica en torno a los u$s 4,17 según la AAA, más de un tercio por encima de cuando Trump asumió en enero de 2025. El diésel, por su parte, trepó más del 70% y hoy cotiza cerca de los u$s 6,30 tras haber tocado u$s 6,53 en septiembre.
Esta disparada no es casual. La guerra contra Irán lanzada en febrero de este año bloqueó envíos de petróleo a través del estrecho de Ormuz, dañó infraestructura energética en Medio Oriente y agravó las tensiones de oferta que ya venían de los ataques ucranianos a refinerías rusas. El resultado: inflación que subió al 3,6% anual en el índice PCE de septiembre, más de un punto por encima del nivel previo a la asunción de Trump.
Para el argentino común que sigue los mercados globales, esto es más que una noticia lejana. Los precios del petróleo y los combustibles terminan afectando el costo de la energía, los fletes y, por ende, la inflación importada que siempre termina llegando a nuestros surtidores. Cuando el diésel en EE.UU. se dispara, el efecto dominó se siente en los precios de los alimentos y el transporte en todo el mundo.
Trump había prometido durante la campaña de 2024 llevar la nafta a u$s 2 por galón. En cambio, la “guerra necesaria” que él defiende para frenar el programa nuclear iraní terminó generando el efecto contrario. Sus defensores argumentan que, ajustados por inflación, los precios eran peores bajo Biden y que el pico de u$s 5,02 en 2022 fue mucho más alto. Pero los números actuales duelen igual.
El diésel es especialmente problemático porque es el insumo clave del agro y la industria. Su precio promedio bajo Trump ya superó el de la era Biden. Esto genera presión fuerte en los estados agrícolas, donde los republicanos están perdiendo apoyo. Las encuestas muestran que el 56% de los votantes se siente peor económicamente que antes.
Desde la Casa Blanca tomaron medidas poco convencionales: suspendieron regulaciones ambientales, alentaron la baja de impuestos estatales al combustible e incluso llegaron a un acuerdo controvertido con Vladimir Putin para importar diésel ruso de forma temporal. Tres buques tanque con 140.000 toneladas llegarán después de las elecciones, aunque los analistas dudan que tenga impacto significativo en los precios.
¿Qué podés sacar en limpio como ahorrista?
Primero, que los precios de la energía siguen siendo un factor clave de la inflación global. Segundo, que las “heridas autoinfligidas” por decisiones geopolíticas terminan pasando factura al bolsillo de la gente común. Y tercero, que ningún gobierno —ni siquiera el de Trump— tiene control total sobre el precio de la nafta.
Para los que tienen inversiones atadas a commodities o piensan en dólares, vale la pena seguir de cerca cómo evoluciona este conflicto. Si la guerra con Irán se extiende, el petróleo puede seguir presionado al alza. Si hay un acuerdo de paz, los precios podrían bajar rápido. Hasta entonces, la nafta récord es un recordatorio de que la energía sigue siendo el talón de Aquiles de cualquier economía.
El lunes 2 de noviembre de 2026, los estadounidenses van a las urnas con el precio en el surtidor como uno de los temas que más les molestan. Y como bien recuerdan los analistas, presidentes como Carter y Bush padre ya pagaron caro cuando el combustible se puso muy caro. La matemática del bolsillo, una vez más, no perdona.