Presupuestos 2027: las empresas anticipan un año complejo con actividad a dos velocidades
El sector privado ya arma sus proyecciones para el año que viene y avizora un escenario de crecimiento desigual, tasas altas y viento en contra desde el exterior. El empleo aparece como la clave política para el Gobierno.
Con la llegada de septiembre, arrancó formalmente la temporada de presupuestos en las empresas argentinas. Lo que se comenta en las mesas de directorio y en las reuniones con consultoras es que 2027 no será un año fácil: se espera una actividad a dos velocidades, con algunos sectores impulsados por la recuperación y otros claramente estancados o en retroceso.
Las proyecciones privadas coinciden en señalar un contexto macro complicado. Por un lado, las tasas de interés se mantendrán elevadas durante buena parte del año para seguir anclando la inflación. Esto encarece el crédito productivo y frena la inversión en sectores intensivos en capital, como la industria manufacturera y la construcción.
Por otro lado, el escenario internacional luce adverso. La desaceleración de la economía global, la posible caída de precios de commodities y un dólar que podría apreciarse en términos reales complican las cuentas de exportadores y de las cadenas que compiten con importaciones. En ese marco, las empresas más grandes y con mayor acceso a financiamiento externo podrían avanzar, mientras que las PyMEs enfrentarán mayores restricciones.
El empleo, la variable política clave
En el plano político, el empleo se convirtió en el termómetro principal de las aspiraciones del Gobierno. s del sector productivo señalan que la sostenibilidad del modelo dependerá de la capacidad de crear puestos de trabajo formales de calidad. Hasta ahora la recuperación del empleo ha sido tibia y concentrada en algunos rubros de servicios.
Una de una cámara industrial consultada en off indicó que “si el empleo no repunta con fuerza, el consumo interno seguirá deprimido y eso arrastra a toda la economía”. Para las empresas, esto se traduce en ventas planas o en baja en el mercado local, lo que obliga a buscar más agresivamente oportunidades de exportación, algo que no todos los sectores pueden hacer con la misma facilidad.
Presupuestos cautelosos
La mayoría de las compañías está armando escenarios conservadores para 2027. Se presupuestan crecimientos de ventas en torno al 2% o 3% en el mejor de los casos, con fuertes ajustes de costos y énfasis en la eficiencia operativa. La inversión en capacidad productiva se posterga salvo en aquellos rubros donde hay certeza de demanda (energía, algunos alimentos y tecnología).
La inflación, aunque bajando, seguirá siendo un problema. Las empresas proyectan una inflación anual cercana al 30% para el año próximo, muy por encima de los niveles de países vecinos. Eso implica seguir lidiando con la puja distributiva, renegociaciones salariales trimestrales y la necesidad de ajustar precios casi mensualmente.
Dos velocidades que se profundizan
El diagnóstico que circula es claro: habrá una economía formal y otra informal, una urbana y otra del interior, una orientada a la exportación y otra al mercado interno. Las empresas agroexportadoras y de servicios globales ya preparan planes de crecimiento. Las industrias orientadas al consumo masivo, en cambio, son más pesimistas.
Esta brecha también se ve en el mercado laboral. Mientras algunos sectores como software, minería y energías renovables proyectan creación neta de empleo, la industria tradicional y el comercio minorista anticipan ajustes de plantilla o, en el mejor de los casos, congelamiento de contrataciones.
Desde la perspectiva productiva, el desafío central es evitar que esta dualidad se consolide. Un país que crece solo en enclaves exportadores y deja atrás a la mayor parte de su tejido industrial y de servicios locales está condenando a una parte importante de la población a la precariedad.
Qué significa para el bolsillo de la gente
Para el lector común, este panorama se traduce en salarios que seguirán recuperando poder de compra de manera muy lenta, precios que suben aunque a menor ritmo, y un mercado laboral donde conseguir o cambiar de trabajo seguirá siendo difícil. Las familias deberán seguir administrando con mucha cautela el gasto mensual, priorizando lo esencial y postergando consumos durables.
Las empresas, por su parte, ya están tomando decisiones que impactarán directamente en el empleo y en los salarios del año que viene. Quienes puedan, invertirán en productividad y capacitación; quienes no, optarán por la supervivencia a fuerza de ajuste de costos.
El 2027 se presenta, entonces, como un año de transición. No será el año del despegue, pero podría ser el año en que se defina si la economía argentina logra construir bases más sólidas o si vuelve a caer en la trampa de la dualidad y la vulnerabilidad externa. Del empleo y de la política productiva que se aplique dependerá gran parte de la respuesta.