JP Morgan cambió su pronóstico para la Argentina y ahora anticipa recesión
El banco recortó drásticamente su estimación de crecimiento para 2026 de 2,7% a 1,5% tras el dato de actividad de julio y prevé una contracción anualizada de 4% en el tercer trimestre. ¿Qué significa esto para el empleo, los salarios y el bolsillo de las familias?
JP Morgan modificó en solo cuatro días su visión sobre la economía argentina y pasó de esperar un crecimiento de 2,7% para 2026 a proyectar apenas 1,5%, con una clara señal de recesión en el corto plazo.
Según el banco de inversión, el dato de actividad económica de julio fue peor de lo esperado y eso lo llevó a anticipar una contracción anualizada de 4% en el tercer trimestre. La corrección es significativa porque JP Morgan no es un actor marginal: sus pronósticos suelen mover expectativas de mercado y, en el caso argentino, terminan influyendo en las decisiones de inversión y en la percepción de riesgo.
El impacto en el empleo y los salarios
Para la mayoría de los argentinos, una recesión no es un concepto abstracto. Significa menos horas trabajadas, suspensiones, menor demanda en sectores como construcción, industria y servicios, y una presión adicional sobre los salarios reales que ya vienen muy golpeados. Si la actividad cae, las empresas ajustan costos y el primer costo que suelen ajustar es el laboral.
Lucía Ferreyra, desde un enfoque productivo, sostiene que este tipo de revisiones a la baja muestran los límites de un ajuste que prioriza el equilibrio fiscal y cambiario por sobre la sostenibilidad del tejido productivo. “Sin producción no hay desarrollo”, recuerda, y una contracción en el tercer trimestre amenaza directamente las cadenas de valor que aún resisten.
¿Por qué cambió tan rápido el pronóstico?
El dato de julio reveló una caída más pronunciada de lo que el mercado venía descontando. La combinación de alta inflación (aunque en desaceleración), tarifas que siguen subiendo, poder adquisitivo deprimido y una demanda interna que no repunta explican el viraje. JP Morgan ahora espera que la economía se contraiga en el tercer trimestre antes de una posible recuperación en el último tramo del año, pero con un piso mucho más bajo que el proyectado hace apenas una semana.
Esto no es solo un número. Una recesión técnica (dos trimestres consecutivos de caída) o incluso una fuerte desaceleración ya se siente en los supermercados, en las ferreterías de barrio y en las PyMEs que no logran cubrir costos.
Qué significa para tu bolsillo
Si el crecimiento se recorta a la mitad, las chances de que los salarios recuperen poder adquisitivo se alejan. Las paritarias, que ya vienen cerrando por debajo de la inflación acumulada, tendrán aún menos margen. Además, un escenario de menor actividad suele venir acompañado de mayor desempleo, lo que aumenta la competencia por los puestos que quedan y presiona aún más los ingresos.
Desde la perspectiva distributiva, la pregunta clave es quién paga el costo de este ajuste. Hasta ahora, los trabajadores, jubilados y sectores medios vienen absorbiendo la mayor parte vía pérdida de salario real y menor consumo. Una recesión profundizaría esa tendencia.
El largo plazo productivo
Más allá del dato puntual, lo preocupante es que Argentina sigue sin resolver su problema estructural: una economía que no logra consolidar un sendero de crecimiento sostenido con creación de empleo de calidad. Cada vez que parece que se estabiliza, un shock (cambiario, fiscal o externo) la vuelve a empujar hacia la contracción.
JP Morgan no es el único que revisa sus números a la baja. Varias consultoras locales ya venían advirtiendo que el segundo semestre sería más complicado que lo que el Gobierno proyectaba. La diferencia es que cuando un actor como JP Morgan lo hace de manera tan abrupta, el mensaje llega con más fuerza a los inversores y al propio equipo económico.
Qué podemos esperar de acá en adelante
Si la contracción del tercer trimestre se confirma, el Gobierno tendrá que decidir si mantiene el ritmo del ajuste o si introduce algún estímulo sectorial (especialmente en industria y construcción) para evitar que la caída se profundice. Hasta ahora, la prioridad absoluta fue el superávit fiscal y la acumulación de reservas. El costo en términos de actividad y empleo recién ahora empieza a quedar más visible.
Para las familias, el consejo práctico es claro: en un escenario de menor crecimiento, cuidar el empleo actual, evitar endeudarse en pesos a tasas altas y mantener un colchón de liquidez se vuelve aún más importante. La recesión no es inevitable, pero los números de JP Morgan muestran que el margen para errores se achicó.
La economía, una vez más, no es solo para los mercados. Es para la gente. Y cuando los pronósticos cambian tan rápido, los que pagan el ajuste suelen ser los mismos de siempre: los que viven de un salario.