La economía cayó 2,9% en julio y la recesión ya es un hecho
El EMAE confirmó que la actividad se contrajo fuerte en julio, con comercio, industria y construcción sin reacción. Vaca Muerta disimula el derrumbe, pero el impacto en el empleo y en los bolsillos es cada vez más palpable.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en julio una caída del 2,9% respecto a junio, según datos del INDEC. Con esta cifra se confirma que la economía argentina entró en recesión técnica después de la contracción del PBI en el segundo trimestre.
La noticia no sorprende a quienes venían siguiendo la evolución de los indicadores de alta frecuencia, pero sí enciende las alarmas sobre la profundidad y la duración del ajuste. Los sectores que más empleo generan —comercio, industria y construcción— son precisamente los que más están sufriendo.
Industria y construcción, sin piso a la vista
La industria manufacturera acumula varios meses de caída interanual. Las PyMEs, que representan la mayor parte del empleo formal del sector, reportan menor demanda interna, costos financieros elevados y una demanda que no repunta a pesar de la desaceleración inflacionaria.
La construcción, por su parte, sigue arrastrando los efectos de la paralización casi total de la obra pública. Sin crédito hipotecario accesible y con salarios que pierden contra la inflación acumulada, la demanda privada tampoco alcanza para compensar.
Comercio, el reflejo del bolsillo
El comercio minorista es el termómetro más directo del consumo popular. La caída de 2,9% del EMAE en julio tiene mucho que ver con familias que estiran el sueldo hasta lo imposible y postergan compras de bienes durables o incluso de ropa y calzado. Los supermercados de barrio y los comercios de cercanía son los que más lo están sintiendo.
Vaca Muerta disimula, pero no alcanza
El único sector que sigue sosteniendo el promedio es el petrolero, especialmente la producción de shale en Neuquén. Sin embargo, este crecimiento no genera el mismo derrame en empleo y demanda interna que tendría una recuperación industrial. Es un crecimiento concentrado, con alto componente de importaciones y baja intensidad de mano de obra local por cada dólar producido.
¿Se puede evitar la recesión antes de 2027?
Agosto y septiembre serán meses clave. Si la tendencia de julio se mantiene, la economía cerrará el tercer trimestre con otra contracción y entraremos en una recesión más profunda y prolongada.
Desde la mirada productivista, el problema no es solo el déficit fiscal heredado. Es que el ajuste se está haciendo casi exclusivamente por el lado de la demanda, licuando salarios, jubilaciones y obra pública, sin un plan que reactive simultáneamente la producción y el empleo.
El salario no es solo un costo; es demanda agregada. Deprimir el consumo para “sincerar” precios termina siendo un camino que destruye capacidades productivas que después cuesta años reconstruir. La experiencia de los ’90 y de otros ajustes fallidos debería servir de advertencia.
El impacto en el bolsillo del lector
Para la mayoría de las familias de clase media y trabajadoras, esta recesión se traduce en menos horas extras, suspensiones, temor a perder el empleo y un poder de compra que no termina de recuperarse. Aunque la inflación baje, si el ingreso cae más rápido, el resultado neto es menos plata en el bolsillo.
Las próximas semanas serán decisivas. Si no aparecen señales claras de reactivación en los sectores que más empleo generan, el riesgo de que la recesión se extienda durante 2027 deja de ser una posibilidad y se convierte en el escenario base.
La pregunta que queda flotando es siempre la misma: ¿a costa de qué se está logrando el ajuste? Porque los números macro pueden mejorar, pero si destruyen la base productiva y el mercado interno, el costo lo terminan pagando siempre los mismos.