La Unión Industrial de Córdoba (UIC) dijo que 44% de las empresas registró una caída en la producción; para Luis Macario el principal obstáculo hoy es la falta de demanda, no la apertura de importaciones (según la UIC, entrevista en Punto a Punto Radio). Este dato resume un doble desafío: estabilizar precios sin estrangular el mercado interno y reconstruir confianza para que la inversión vuelva. Vemos que la discusión no es entre comercio exterior o cierre, sino entre políticas que prioricen la demanda y medidas de apertura mal calibradas.

¿Qué dicen las cifras y qué muestran las expectativas?

Los números de la UIC son claros y cuantitativos: 44% de las empresas sufrió caída en la producción (UIC). Las expectativas también se deterioraron: a fines del año pasado había 70% con expectativas favorables y hoy sólo 31% espera crecimiento; además 33% prevé que la actividad caerá y 36% que se mantendrá estable (UIC). Ese contraste temporal muestra que la recuperación potencial que se veía hasta junio del año pasado perdió impulso desde julio, según el informe. Esos porcentajes no son abstracciones: implican órdenes anuladas, plantas trabajando por debajo de capacidad y decisiones de inversión postergadas. Por eso cuando hablamos de política macro no es suficiente decir que la inflación baja; hay que medir el traspaso a la actividad real.

¿Por qué la demanda pesa más que la apertura?

Macario explicó que la apertura aparece en sexto lugar entre las preocupaciones de los industriales y que sin consumo tampoco se venden productos importados (UIC, entrevista). En el diagnóstico industrial aparece una tensión clásica: bajar inflación suele requerir política restrictiva que reduce ingreso disponible y frena el consumo, y eso impacta de inmediato en empleo y en la cadena de proveedores. Además, hay costos estructurales citados por la UIC: problemas de energía y gas que encarecen o limitan la producción (según la UIC). Observamos que las empresas con vínculo exportador están mejor —condición que refleja la diferencia entre sectores orientados al exterior y los que dependen del mercado interno— y que la falta de cultura exportadora es una limitación de largo plazo.

¿Qué políticas pide la industria y qué proponemos nosotros?

Los industriales piden reglas claras, estabilidad y arreglos de infraestructura. Estamos de acuerdo en que hace falta estabilidad, pero la pregunta es el costo social de llegar a ella. Apoyamos la acumulación ordenada de reservas y la lucha contra la inflación, pero no a costa de recortes a salarios o jubilaciones. Para proteger la demanda proponemos topes temporales y focalizados a aumentos tarifarios, manteniendo la tarifa social y sin tocar jubilaciones, tal como venimos sosteniendo. Además proponemos combinar medidas: líneas de crédito a tasa real negativa para capital de trabajo, inversión pública en energía y gas para desbloquear cadenas productivas, y programas de compra pública orientada a sectores con capacidad ociosa. Esa combinación busca evitar que la baja de inflación se traduzca en desindustrialización y pérdida de empleo.

En definitiva, el diagnóstico de la UIC confirma que hoy la urgencia es reactivar la demanda interna sin renunciar a disciplina macro. Podemos y debemos bajar inflación y a la vez proteger el salario y la producción mediante medidas focalizadas y temporales que sostengan el mercado interno y mejoren la infraestructura productiva, evitando que la estabilidad llegue por vía de la caída de la actividad y del empleo (según declaraciones de Luis Macario a Punto a Punto Radio y el informe de la UIC).