El presidente del BCRA, Santiago Bausili, confirmó que se está negociando la extensión del swap de monedas con China, contrato que vence a fines de julio y fue renovado en 2023, según informó Ámbito. En la misma conferencia el Central compró más de u$s150 millones, según el reporte del día, y reafirmó que no está entre sus prioridades eliminar las restricciones cambiarias para empresas ni flexibilizar el cepo para personas jurídicas.

¿Qué anunció el BCRA?

El anuncio fue claro y puntual: se buscan conversaciones para extender el swap con China que vence a fin de julio, según Ámbito. El Central defendió además la estrategia de acumulación de divisas al registrar compras superiores a u$s150 millones en la jornada, según la misma crónica. Para justificar la política cambiaria, Bausili citó un consenso de mercado que proyecta exportaciones récord por u$s96.000 millones para el año, y señaló que las cantidades exportadas suben mes a mes, según datos que citó en la conferencia. También precisó que en lo que va del año se giraron utilidades por u$s1.600 millones al exterior, frente a u$s3.000 millones remitidos en 2017, con lo que el BCRA interpreta que ciertas medidas han limpiado stocks de deuda pasada. Estas cifras son las que el Gobierno exhibe para justificar un swap como herramienta complementaria a sus compras de mercado.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La reacción de los mercados dependerá de la lectura sobre transparencia y condicionamientos del swap. El BCRA minimizó el peso del capital especulativo exterior, estimándolo entre u$s2.000 y u$s2.500 millones, datos que presentó como “marginales” frente a la estabilidad cambiaria, según Ámbito. Si el swap sirve solo para aumentar reservas brutas sin claro compromiso fiscal, los inversores institucionales lo percibirán como financiamiento encubierto y la confianza se erosionará. Por el contrario, una ampliación negociada con reglas públicas y límites explícitos puede reducir la volatilidad en el corto plazo y facilitar compras del Central. Desde la perspectiva del tipo de cambio, cualquier llegada de dólares que aumente reservas sirve de colchón, pero no sustituye una política fiscal consistente; los mercados preguntan por sostenibilidad, no solo por cifras temporales.

¿Basta con un swap o qué condiciones deben acompañarlo?

Un swap es una herramienta útil si viene con contrapartidas claras. Nosotros apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y se acompaña de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. Eso implica publicar montos, plazos y condiciones de uso del swap, y ligar su renovación a metas fiscales verificables. Además conviene exigir salvaguardas que impidan que las compras del Central se transformen en crédito presupuestario. La experiencia argentina muestra que los instrumentos temporales no resuelven problemas estructurales: controles prolongados generan brecha y economía paralela. El Central además señaló que la capitalización bancaria «triplica los estándares de Basilea», un dato que usó para relativizar el impacto de la mora, según Ámbito. Esa fortaleza del sistema financiero ayuda, pero no reemplaza una política macro consistente.

En síntesis, la negociación para extender el swap con China puede ayudar a dar aire al tipo de cambio en el corto plazo, y las compras recientes del BCRA (más de u$s150 millones según Ámbito) amplían el colchón. Sin embargo, la legitimidad de esa estrategia dependerá de la transparencia y de señales fiscales creíbles: sin ellas, la acumulación de reservas corre el riesgo de ser vista por los mercados como un maquillaje temporal en lugar de un avance hacia estabilidad.