El Tesoro nacional debe afrontar vencimientos por $6,9 billones en mayo y plantea seguir estirando plazos hacia 2028-2029, de acuerdo a un reporte de la consultora Equilibra reproducido por Ámbito. En abril consiguió un rollover del 102,2% —el cuarto consecutivo por encima del 100% pero el más bajo desde el 25 de febrero— con un financiamiento neto de $200.000 millones, según la misma fuente. A la vista están vencimientos aún mayores: junio por $14,8 billones y agosto por $14,9 billones, y un diciembre que se perfila desafiante con cerca de $20 billones, siempre según Equilibra.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Vemos tres efectos inmediatos: presión sobre la curva en pesos, mayor demanda por instrumentos cortos y posible traslado a los tipos de cambio. En el último llamado la demanda se volcó a la tasa fija corta: la nueva LECAP a 43 días concentró el 61% de lo adjudicado y cortó al 2,1% TEM (tasa efectiva mensual), en línea con el mercado secundario, según Equilibra. En el tramo dólar, el AO27 alcanzó el tope de u$s350 millones en primera vuelta y u$s100 millones en segunda, cortando al 5,04% nominal anual; el AO28 llegó a u$s350 millones en primera vuelta y sólo captó u$s48 millones en la segunda (de un máximo de u$s100 millones) al 8,44% nominal anual, según Ámbito.
La concentración en plazos cortos y en instrumentos dolarizados muestra que el mercado pide liquidez y cobertura. Si el rollover baja o la demanda por bonos en pesos se seca, aumentará la presión sobre el tipo de cambio paralelo y la brecha. Por eso es relevante monitorizar el ritmo de colocaciones y la evolución de la tasa en el mercado secundario como indicadores adelantados de tensión cambiaria.
¿Qué hay detrás de la “calesita” entre BCRA y Tesoro?
Equilibra describe una operación en la que el BCRA compra dólares y emite pesos, y el Tesoro actúa como receptor de esa liquidez mediante colocaciones para luego comprar los dólares y pagar al Central; la consultora incluso habla de que el Ministerio de Economía funciona como la “muleta” del BCRA. Esa mecánica permitió acumular oferta de bonos en dólares —el Gobierno ya lleva emitidos más de u$s2.250 millones entre AO27 y AO28, según Ámbito— mientras el BCRA incrementa reservas.
Aquí está el punto crítico: si la acumulación de reservas depende de que el Tesoro absorba pesos mediante emisiones permanentes, lo que parece una estrategia de estabilización puede terminar siendo financiamiento encubierto del déficit. Nuestro criterio previo es claro: apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. Sin esos requisitos, la operación erosiona la credibilidad y puede alimentar la inflación.
¿Es sostenible la política de estirar plazos?
A corto plazo la estrategia puede funcionar mientras el mercado acepte renovar vencimientos: abril mostró un rollover del 102,2% (Equilibra) y colocaciones en dólares encontraron demanda inicial. Pero la sostenibilidad es frágil: los vencimientos se quintuplican entre mayo y diciembre (de $6,9 billones a cerca de $20 billones, según Equilibra), y la demanda puede cambiar por factores externos o noticias políticas. Además, la preferencia por plazos cortos y tasas bajas en términos mensuales (2,1% TEM en LECAP a 43 días) acumula riesgo de refinanciación a futuro.
En ausencia de anclas fiscales —reducción del déficit estructural o financiamiento a mercado de más largo plazo— la dependencia de la “calesita” aumenta la probabilidad de saltos de volatilidad. Por eso insistimos en la necesidad de un plan que combine: disciplina fiscal creíble, mayor autonomía del BCRA y transparencia en las compras de divisas.
Qué significa esto para el ahorrista y para la política económica
Para el ahorrista común, la foto es ambigua: los instrumentos cortos pagan rendimientos en pesos que a veces no compensan la inflación futura, y las emisiones en dólares ofrecen cobertura pero dependen de la demanda global. Si el rollover se deteriora, habrá presión sobre el tipo de cambio y los instrumentos en pesos verán caídas de precio. Recomendamos monitorear tres señales: 1) ritmo de rollover (porcentaje de renovación de vencimientos), 2) evolución de las compras netas de reservas del BCRA y 3) señales fiscales (déficit y financiamiento del Tesoro), todos reportados por las consultoras y oficiales.
En síntesis, la táctica de estirar plazos y emitir bonares puede ganar tiempo, pero no resuelve la raíz del problema: sin anclas fiscales y sin mayor independencia del BCRA, la maniobra corre el riesgo de transformarse en financiamiento encubierto y de transferir vulnerabilidades al futuro.