La señal central es clara: José Castillo advirtió que la baja puntual de la inflación en mayo —que él mismo estimó entre 2,1% y 2,5%— no implica que la tendencia descendente vaya a continuar, y el mercado lo escucha: el Riesgo País cerró en 524 puntos básicos el 20/5/2026 (Canal E; El Riesgo País, 20/5/2026). Observamos así una tensión entre la lectura política del Gobierno —que apuesta a endurecer la política monetaria “sea como sea”— y la realidad económica que muestra costos mayoristas, presión cambiaria y ajustes tarifarios por delante.

¿Qué dijo Castillo y qué mide el mercado?

José Castillo sostuvo en Canal E que la herramienta central del Ejecutivo es un apretón monetario continuo y puso dudas sobre su sostenibilidad, porque la desaceleración de mayo sería apenas “por debajo” del registro de abril (Canal E, 20/5/2026). Ese diagnóstico convive con señales financieras: el Riesgo País en 524 puntos básicos refleja que los acreedores y los mercados siguen vigilantes ante volatilidad reciente (El Riesgo País, 20/5/2026). Además, el propio Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) anticipa un dólar más alto hacia fin de año, según su última publicación, lo que reforzaría presiones sobre precios y costos empresariales (REM, BCRA). En suma, hay una ventana temporal de baja puntual, pero los elementos estructurales —tipo de cambio, mayorista y tarifas— hacen incierto que la tendencia se consolide.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Lo que planteamos desde la lente del empleo es elemental: un apretón monetario que reduzca demanda sin contrapesos productivos corre el riesgo de enfriar la actividad y destruir puestos de trabajo. Si la inflación de mayo se sitúa en 2,1–2,5% (Castillo en Canal E), eso puede leerse como una mejora coyuntural frente a abril, pero no como garantía de recuperación del consumo ni de la inversión privada. Además, un dólar proyectado al alza por el REM y los aumentos tarifarios programados trasladan costos al sector productivo y a los hogares; en la distribución de pérdidas, ganan los acreedores y los exportadores denominados en moneda extranjera, mientras que pierden asalariados, monotributistas y jubilados. Vemos que la competitividad no se construye solo con salarios deprimidos: sin política industrial y crédito orientado, la demanda interna se erosiona y la recesión se profundiza.

¿Qué alternativa proponemos para sostener estabilidad sin ajuste sobre ingresos?

Rechazamos financiar la estabilización recortando jubilaciones o salarios: sería una receta que descarga el costo del ajuste sobre los sectores más vulnerables y daña la demanda agregada. En cambio, proponemos medidas focalizadas y de corto plazo que protejan empleo, producción y consumo: reempadronamiento de SUBE para eliminar usos indebidos y redirigir subsidios donde son necesarios; y uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para créditos a empresas que mantengan empleo y para inversión productiva priorizada por regiones y sectores con potencial exportador. Complementariamente, recomendamos administrar las tensiones cambiarias con controles calibrados y apoyo a exportadores que reinviertan en capacidad productiva, en lugar de permitir una dolarización de carteras que vacíe la oferta de pesos.

Cerramos con una perspectiva práctica: la baja puntual de inflación es una oportunidad para reorientar políticas, no una luz verde para ajustes que recaigan sobre salarios y jubilaciones. Si el Gobierno insiste solo en apretar la política monetaria, sin vasos comunicantes fiscales y sectoriales, corremos el riesgo de ver otra ola de deterioro del empleo y la producción a partir de julio, tal como advirtió Castillo (Canal E, 20/5/2026). Nosotros priorizamos proteger ingresos y trabajo mientras se trabaja una estabilización creíble y con políticas industriales que permitan sostener la demanda en el mediano plazo.