Exportaciones estancadas: por qué Argentina necesita subir su ratio sobre el PBI
La economista Lucila Martínez Pelliza advirtió que el boom energético no alcanza para impulsar empleo e industria si no se mejora la relación entre exportaciones y producto. El desafío estructural sigue pendiente.
La economista Lucila Martínez Pelliza, investigadora del Centro de Investigación de Economía Nacional (CIEN), planteó un diagnóstico claro y preocupante: el boom energético que vive la Argentina no será suficiente para generar el impulso que necesitan el empleo y la industria si no se logra aumentar el ratio de exportaciones sobre el PBI.
Según sus palabras en Ronda de Economistas (RDEco), el país sigue atrapado en una estructura productiva que depende excesivamente de commodities y que no logra traducir sus ventajas naturales en un desarrollo industrial sostenido. “Argentina necesita mejorar su ratio de exportaciones sobre el PBI”, afirmó de manera directa.
Este ratio, que mide cuánto de lo que produce el país se vende al exterior, se encuentra en niveles históricamente bajos para los estándares de una economía de tamaño medio. Mientras países como Brasil, México o incluso Chile muestran una mayor inserción externa manufacturera, Argentina sigue vendiendo principalmente granos, harinas y, ahora, energía, pero con escaso valor agregado industrial.
Martínez Pelliza señaló que los anuncios de inversión, especialmente en el sector energético, generan expectativa pero tienen un impacto limitado sobre el empleo masivo y la cadena industrial. El sector hidrocarburífero y el gas son intensivos en capital y generan pocos puestos de trabajo por cada millón de dólares invertido, a diferencia de la industria manufacturera o la agroindustria con mayor procesamiento.
Desde una perspectiva productivista, el problema no es solo macroeconómico. Se trata de la densidad productiva del país: sin exportaciones industriales crecientes, es muy difícil sostener un nivel de empleo de calidad y una distribución del ingreso que no dependa únicamente de las rentas de la soja o del litio.
El análisis de la investigadora del CIEN coincide con la visión estructuralista que viene alertando desde hace décadas sobre la vulnerabilidad de una economía que no logra diversificar su canasta exportadora. Un tipo de cambio competitivo resulta indispensable para que las PyMEs industriales puedan insertarse en el mundo, pero no alcanza solo con eso. Hace falta política industrial activa, financiamiento de largo plazo y coordinación entre sectores.
La advertencia llega en un momento donde el Gobierno celebra superávit fiscal y baja de la inflación, pero los datos de actividad industrial y empleo formal muestran señales de estancamiento. Sin un salto exportador, el crecimiento volverá a ser efímero, como ocurrió en otros ciclos.
Martínez Pelliza no se limita a criticar: su mensaje apunta a la necesidad de una estrategia de desarrollo que ponga en el centro la producción y el empleo. Mejorar ese ratio de exportaciones sobre el PBI no es una meta estadística; es la forma de construir una economía menos vulnerable a los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas.
Para los trabajadores y las PyMEs, el mensaje es claro: sin industria que exporte, los salarios y el empleo seguirán dependiendo de un crecimiento que siempre termina siendo insuficiente. La discusión sobre el modelo productivo no puede postergarse aunque los números fiscales cierren.