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20/12/2017 -  tiempo  3' 13" - 1117 Visitas La gestión de Javier Ascúa en Lucas González tuvo una cooperadora manipulada, una denuncia en la OA, revisiones en el TdC, en el PAMI yhasta presuntas coacciones al personal Trucos y artimañas desde el hospital I
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La gestión de Javier Ascúa en Lucas González tuvo una cooperadora manipulada.
Javier Ascúa es director del Hospital San Blas de Nogoyá, pero antes pasó por otros nosocomios públicos. Siempre tuvo el respaldo de la Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) y su mandamás, el diputado José Ángel Allende. Bajo su ala estuvo durante más de diez años al frente del Hospital Santa Rosa de Lucas González. Allí se desempeñó sin que algunas autoridades u órganos de control hayan prestado un poco de atención a su accionar. En esta segunda entrega de Trucos y artimañas desde el hospital, una cooperadora que recibió millones de pesos y fue manipulada a “gusto y piacere”, una denuncia por competencia desleal en la Oficina Anticorrupción, revisiones en el Tribunal de Cuentas, internaciones “fantasmas”, presuntas coacciones al personal y hasta una historia desgarradora sobre posible mala praxis durante su administración, lo que dejó secuelas gravísimas.
Natalia Buiatti

Marcelo Javier Ascúa es bioquímico y siempre tuvo actividad privada. Sin embargo, su lado fuerte está en la gestión pública de salud. Administró los fondos y el personal del Hospital Santa Rosa de Lucas González por más de diez años y antes pasó por General Ramírez. Ahora, desde fines de 2016, se quedó con la Dirección del Hospital San Blas de Nogoyá, cabecera de la región.

Ascúa siempre contó con el respaldo de Allende y la estructura de UPCN para moverse y desplegarse a sus anchas. Pisó Lucas González desde que era un joven con pocos años de profesión. Llegó al pueblo sin más que un empleo común para hacer análisis en ese nosocomio, aunque rápidamente se mancomunó en sociedad con una bioquímica de la localidad para desempeñarse en el ámbito privado. Los vecinos del lugar lo recuerdan como alguien activo y con aspiraciones, que supo ganarse la confianza de empleados y colaboradores con experiencia en el hospital.

Sus primeros años fueron de viajes en colectivo hasta el acceso a Lucas González, sobre la Ruta Provincial 39, a unos 5 kilómetros de la localidad. El bioquímico esperaba en la garita hasta que algún vecino bondadoso que pasaba por el lugar lo levantaba y llevaba hasta el centro. Otras veces se hizo buscar por la ambulancia. En el pueblo alquiló una vivienda modesta, ubicada sobre calle Olegario Víctor Andrade, a media cuadra de Boulevard San Martín. Allí habitó con su esposa, la licenciada en Trabajo Social Carina Miller, oriunda de General Ramírez. En pocos años la pareja logró construirse su propia vivienda, sobre un loteo municipal que tenía como objetivo poblar la zona Este de la localidad.

Mientras Aurelio Suárez, alias Pastel, fue senador por el Frente para la Victoria (FpV), Ascúa contó con amplia inmunidad política a nivel provincial. Recibía aportes millonarios de la Legislatura entrerriana para el Hospital Santa Rosa, de la mano de Suárez o Allende, y hasta el propio ex gobernador Sergio Urribarri pasó varias veces por el nosocomio, por ejemplo cuando cortó las cintas para inaugurar las nuevas construcciones. Otro de sus aliados fue el cura abusador Juan Diego Escobar Gaviria -que actualmente cumple una condena de 25 años de prisión en la cárcel de Victoria por Corrupción agravada de menores y abuso sexual simple-. Aunque el bioquímico profesa una religión que no es la católica, supo sacarse fotos con Escobar Gaviria cuando éste último estaba en su esplendor religioso y se respaldaba en la dirigencia peronista local.

La administración de Ascúa al frente del hospital público se caracterizó por la edificación de una parte importante del nosocomio: se levantó el hogar de ancianos; una sala de instrumentación quirúrgica al lado de lo que fue la sala de partos; baños; un lavadero contiguo a la cocina -donde actualmente funciona el laboratorio-, y consultorios externos, entre otros espacios y mejoras.

Sin embargo, pese a tanta inversión pública, gran parte de la construcción hoy está casi destruida e inhabitable. El revestimiento está reventado en buena parte del edificio porque las cerámicas se levantaron y se cayeron. Algunos baños tienen las bajadas mal hechas en los pisos, por eso se inundan cuando se asea a los ancianos que viven en el lugar. También faltan agarraderas en algunos espacios y antideslizantes.



(Más información en la edición gráfica número 1073 de la revista ANALISIS del jueves 21 de diciembre de 2017)
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