Bienvenidos a Semanario Analisis Digital
puntos
 -  tiempo  6' 56" - 18924 Visitas A manera de prólogo, por Miguel Bonasso
Click para Ampliar
Miguel Bonasso.
En la Argentina contemporánea, el novelista policial Raymond Chandler se hubiera muerto de hambre, porque le hubiera costado encontrar una trama más negra, perversa, intrincada y decadente que la que suministran los medios a diario. Leyendo el segundo libro de Daniel Enz compruebo que esa tendencia de nuestra sociedad a la novela negra también es patrimonio de nuestras provincias; en este caso Entre Ríos.
Abogados que mueren empalados en su estudio con pelos púbicos en la boca; policías de la dictadura que ofrecen seguridad o la cancelan drásticamente cuando alguien paga; ex militantes de los setenta que se convierten en sátrapas del tercer milenio; senadores que mandan construir mansiones fastuosas (aunque irremediablemente cursis); funcionarios que navegan entre el Estado y Alfredo Yabrán; putas y putitas; corruptos y corruptitos, fiscales y jueces que dejan caer las causas o les echan arena encima, como los gatos con sus cajas de mierda; expertos de la Fuerza Aérea que siempre le echan la culpa de los accidentes al piloto, son apenas algunos de los sórdidos personajes de esta saga siniestra que desnuda la invencibilidad del estado mafioso; tanto a nivel nacional como en la escala entrerriana.
En la Argentina contemporánea, el novelista policial Raymond Chandler se hubiera muerto de hambre, porque le hubiera costado encontrar una trama más negra, perversa, intrincada y decadente que la que suministran los medios a diario. Leyendo el segundo libro de Daniel Enz compruebo que esa tendencia de nuestra sociedad a la novela negra también es patrimonio de nuestras provincias; en este caso Entre Ríos.
Abogados que mueren empalados en su estudio con pelos púbicos en la boca; policías de la dictadura que ofrecen seguridad o la cancelan drásticamente cuando alguien paga; ex militantes de los setenta que se convierten en sátrapas del tercer milenio; senadores que mandan construir mansiones fastuosas (aunque irremediablemente cursis); funcionarios que navegan entre el Estado y Alfredo Yabrán; putas y putitas; corruptos y corruptitos, fiscales y jueces que dejan caer las causas o les echan arena encima, como los gatos con sus cajas de mierda; expertos de la Fuerza Aérea que siempre le echan la culpa de los accidentes al piloto, son apenas algunos de los sórdidos personajes de esta saga siniestra que desnuda la invencibilidad del estado mafioso; tanto a nivel nacional como en la escala entrerriana.

Hace algunos años, Daniel Enz publicó su libro inaugural, "Rebeldes y ejecutores", que resultó una implacable radiografía de los efectos devastadores que la dictadura militar había producido en territorio entrerriano. El trabajo tuvo un mérito adicional: fue el primero que reflejó hasta la minucia lo que el llamado "Proceso" había hecho en una provincia. Daniel era muy joven entonces (aún ahora tiene la impertinencia de andar en sus primeros treinta), pero ya contaba con la invalorable experiencia de su labor como director del semanario Análisis de Paraná; el medio que descubrió la inmensa mayoría de los casos de corrupción en Entre Ríos y marcó a fuego a las mafias del poder.

Era lógico entonces que esa materia inédita y caliente, que él y sus colaboradores iban volcando semana a semana, le exigiera convertirse en libro. Por eso, a mediados de 1996, comenzó a bosquejar el presente trabajo que se demoró por muchas razones: las dificultades para mantener Análisis entre boicots publicitarios, sabotajes, amenazas e incursiones nocturnas a la redacción de los desconocidos de siempre. Amén de las clásicas querella, de los múltiples juicios que le hicieron y ganó.

Este libro también se demoró por culpa del que escribe estas líneas. Ya lo he dicho y escrito muchas veces: Daniel Enz fue un colaborador estratégico en la investigación que supuso mi biografía de Alfredo Yabrán. Durante varios meses, entre agosto y diciembre de 1998, postergó su propio libro (el que usted tiene en sus manos) para colaborar con el mío. Lo reitero: sin el concurso de Daniel no hubiera salido "Don Alfredo".

Pero la demora no lo afectó, ni le hizo perder actualidad. Que yo sepa, es es el único que describe como las mafias del poder robaron, mataron gente en función de sus intereses y apetencias y siempre "arreglaron" entre ellos para que nada se investigue y todo siga igual en Entre Ríos. Es decir, podrido, según la fórmula que Shakespeare aplicó a Inglaterra, disfrazándola de Dinamarca.

Al lector que compró el libro le sucederá algo parecido a lo que experimentó este lector anticipado: atravesará sin aliento terribles historias de codicia y maldad, para descubrir al final que los malos de la película siguen gozando de honores y canonjías, protegidos por una impunidad que nada debe envidiar a la omertá siciliana. Experimentará furia y frustración por lo que nos hacen y nos dejamos hacer, como sociedad bovina que somos, y solo podrá rescatar al llegar al fin, el coraje solitario de los familiares de las víctimas. Como Ana Soler y su hija mayor Luciana, que siguen peleando ante los tribunales de la indiferencia por la memoria del piloto de LAER, Hugo Francés (esposo de la primera y padre adoptivo de la segunda), que tuvo el coraje y el talento de acuatizar el Cessna bajo su comando, cuando el avión perdió la hélice derecha y cayó al Río de la Plata a 1700 metros de la costa, frente al Aeroparque. Francés murió ahogado como el flamante dueño de la empresa Raúl Schwarztein y otros cinco pasajeros. Sólo se salvó Ricardo Romanelli, el gerente general de LAER, que -gracias a la indicación del comandante-, logró abrir la puerta de emergencia y nadar hacia la costa. Los otros no tuvieron la misma suerte: su familiares encontraron los cuerpos dentro del Cessna, con los brazos extendidos hacia otra portezuela, inexplicablemente cerrada desde afuera.

Enz narra poderosamente la historia del Cessna de LAER, en cuya caída el juez federal Rodolfo Canicoba Corral descarta una acción de sabotaje y mantiene en vilo al lector con otras historias tenebrosas ocurridas durante los mandatos de Mario Moine, Jorge Busti (en su segunda y triunfal aparición) y el actual Sergio Montiel. El relato del horrendo crimen del que fue víctima el abogado radical Lucio Dato, es una novela en si mismo. Y tiene, como los relatos policiales más inteligentes y modernos, más hipótesis que explicaciones definitivas, irrefutables. No por la inteligencia de un autor, sino por la desinteligencia generada fervorosamente por la justicia.

Se comprende que Enz, periodista de novela negra él mismo, haya sido reiteradamente amenazado y presionado por los que consideran la función pública como el reparto de un botín. Su capítulo sobre El Choclo, no por aguardado es menos efectivo. Al cabo, fueron dos reporteros de Análisis, Fabián Vivot y Gustavo Germano, los que simulando ser empleados del arquitecto oficialista Alejandro Pípolo, se metieron en la lujosa mansión del Choclo Augusto Alasino, registraron sus descomunales comodidades y fotografiaron sus faraónicas mersadas.

Recogida y catapultada por el diario Página/12, la estupenda investigación de los periodistas de Paraná, colocó para siempre al personaje en la sospecha pública. A cinco años de aquel "escrache", Alasino se va del Senado, envuelto por un escándalo mayor, el de los sobornos del Senado, que la justicia federal está por archivar definitivamente.

Hace muchos años, cuando era obligado corresponsal en México, me obligué a trabajar con periodistas del interior, para amplificar sus denuncias en los medios nacionales que, como Dios, están en todas partes, pero sólo suelen atender en los distritos federales. Siempre le dije a mis alumnos de periodismo que la mayor reserva de coraje y desinterés, se refugiaba (en casi toda América Latina, al menos) en algunos sufridos, heroicos, medios de provincias. Cuando conocí al loco genial de Daniel confirmé mi teoría y establecí con él un nuevo tipo de asociación ilícita: la que puede tener un muchacho no doblegado ante la indiferencia posmoderna y un viejo terco que en los setenta se salvó de pedo y hoy sigue molestando a los poderosos.

No es un ejercicio inútil. Si lo fuera, Daniel no habría escrito este magnífico "Código de fuego" y habría logrado darlo a la imprenta a pesar de tragedias y calamidades: la pérdida prematura de su padre, el hambre, los líos económicos, las amenazas y, de postre, esta triste Argentina de la prepotencia y la desesperación que Domingo Cavallo contribuyó a erigir en el menemato y perfeccionó ahora, con este príncipe estólido y perverso. Que se llama Fernando, como algún Borbón de triste memoria.


Buenos Aires, diciembre de 2001.
Enviar Imprimir
ULTIMA EDICIÓN
Servicios
Envianos
tu noticia
Las mas leídas
Analisis Digital | Director | Denuncias | Contáctenos |  Pagina de Inicio |  Agregar a Favoritos |