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20/03/2017 -  tiempo  2' 45" - 539 Visitas Causas y Azares Desenredando enredos cotidianos
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"Los enredos a veces, raras veces, entretienen. La solución, finalmente es desenredarlos".
Quizás a muchos les suceda en la vida cotidiana, algo tan simple como decidirse a planchar, o conectar los parlantes de la PC, y encontrarse con los cables enredados. Cables enredados sin que nadie lo haya hecho. Difícilmente, un aburrido decida entretenerse en hacerlo. Lo cierto es que cuando se los necesita, uno sabe que debe apelar a una paciencia casi infinita, para buscar el camino que no impida planchar o escuchar música a todo volumen. Se mira, se cree que se podrá desandar el camino que nadie recorrió para alcanzar tan perfectos enredos. No hay solución fácil y rápida, no puede echarse mano a la tijera como lo haría con un ovillo de lana, eliminando la “galleta”. Es probable que se consuele pensando que los cables, aunque idénticos, se encontrarán libres, listos para ser enchufados, siempre y cuando no caiga en la ansiedad, complicando los centímetros avanzados. Parece un absurdo que se pierda más tiempo en ordenar un enredo, que sabe fehacientemente, nadie ha hecho. No hay duendes que pierdan tiempo en cuestiones domésticas. Y sí será el hombre, la mujer, los únicos capaces de enfrentar que nadie lo hizo, pero alguien es necesario, indispensable, para ponerlo en orden. Y de última si la paciencia llegó a su límite, la ropa quedará allí hasta otro momento y hay FMs que pasan buena música.
Más complicado que todo esto, son los enredos convertidos en paisajes cotidianos, donde uno descree que haya mortal decidido a encontrarle la punta al ovillo. No es que haya perdido la fe ni la confianza absoluta, o hubiera perdido toda su paciencia en tratar de enchufar la plancha. No son duendes los artífices de estos enredos y la solución no es “dejar para mañana, lo que no se puede solucionar hoy”. Es más, está absolutamente convencida que si hubiera alternativas posibles, al mejor estilo filosófico, aparecerían otras para enredar para encontrarse enfrascados en nuevos embrollos. Como el cuento de la buena pipa…

Pareciera que los actores creen que sus “espectadores” son “pibes” educados en la escuela, que no alcanzan a comprender los textos, o peor aún, que fueron a ver el espectáculo porque no tenían otra cosa que hacer. Sino es incomprensible, que se escuche a viva voz, que están prestos al diálogo, y que no lo tienen, vaya a saber si porque no se ponen de acuerdo sobre el tema o no les conviene el horario. O escuchar también, que estén completamente de acuerdo en que la prioridad son los chicos, los mismos postergados a su derecho a la educación, derecho con rango constitucional e internacional… Y, es cierto que no hay mal que dure 100 años porque no hay cristiano que lo resista, entonces, cómo no evitar atravesarlos. Sin que esto signifique la claudicación de legítimos derechos ni apelar a la maquinita de imprimir papelitos de colores, La gente común se pregunta,… ¿qué tiene de difícil esto que no se entiende?...

Que un slogan de campaña influye, no se discute. Que algunos siembran esperanza y se entusiasman con ellos, es cierto. ¿Es ingenuo pensarlos como promesas de campaña? No, es de buena gente desconfiar, “por las dudas”… Entonces, cabe el derecho de interpelar a quien no cumple, o a quien cínicamente defrauda. Pobreza cero… ¿cuándo?... la gente no exigió fecha para dejar de serlo; quiere, aspira, dejar de ser pobre hoy; harta de serlo, sin negociar, acostumbrarse. Para ello hay que planificar en grande, agrandar planes es prometerle otro disfraz a la esperanza….

La gente quiere ser feliz. Quiere serlo ya. No en un futuro, quizás alguno se consuele con serlo en otra vida. Ser feliz, dirían los abuelos, “tener trabajo, mandar los chicos a la escuela, hacer las cuatro comidas del día y después irse a la cama con la conciencia tranquila”… Expresiones simples que marcaban el destino a recorrer. La mayoría leyó que “El principito” fue feliz una hora antes de lo anunciado. Por qué entonces esperar… Destino incierto el de hoy…

Con el ánimo acobardado de cabrones, de rezongones y desilusionados es todo un desafío querer ser feliz… Aunque no siempre se esté dispuesto a escuchar la verdad, no hay que dejar de buscarla. Aunque haya distraídos que nieguen haberla escuchado… Los enredos a veces, raras veces, entretienen. La solución no es conformarse con entretenerse. La solución, finalmente, es desenredarlos.
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